Déjalo Ser

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04 Julio 2016 In Primaria
Cuando escuchamos ajedrez se nos viene a la mente concentración, cálculo, complejidad, etc. Y recordamos que más de un profesional lo ha mencionado como una alternativa buena para mejorar en el niño diversas capacidades.
 
Se escucha también que algunos gobiernos europeos ven seriamente al ajedrez como una posibilidad para ser incluido en la programación curricular escolar debido a que sienten que es evidente que contribuye con el desarrollo de habilidades.
 
Y como se mencionó en un artículo anterior, (Iriarte, 2016) (1), encontramos en este juego una gran gama de áreas en donde el ajedrez puede ser aportativo.
 
¿Pero qué tiene de particular el ajedrez con relación a estas capacidades?
 
Un concepto no muy difundido en el área educativa pero que empieza a ser bastante investigado y comentado por la psicología y las neurociencias es el de las funciones ejecutivas.
 
Los autores terminan de ponerse de acuerdo sobre su significado, sobre sus componentes y la relación que existe entre ellos y sus límites.
 
Lezak (como se citó en Tirapu-Uztároz, 2008) (2) define las funciones ejecutivas como el conjunto de capacidades mentales esenciales que permiten llevar a cabo una conducta eficaz, a veces creativa y aceptada socialmente. Rosselli (2008) (3) menciona que las funciones ejecutivas incluyen un grupo de habilidades cognitivas cuyo objetivo principal es la de facilitar la adaptación de toda persona a situaciones nuevas y complejas y han sido incluidas dentro de ellas la capacidad para establecer metas, el desarrollo de planes de acción, la flexibilidad de pensamiento, la inhibición de respuestas automáticas, la autorregulación del comportamiento y la fluidez verbal.
 
Podríamos resumir todo esto diciendo que las funciones ejecutivas son el conjunto de capacidades cognitivas que permiten decidir e iniciar una acción, visualizando una meta y planificando dicha acción. Todo ello en instantes.
 
Por ejemplo para decidir que mi dedo llegue a una tecla determinada no necesito pensar mucho. Simplemente, sé que quiero escribir por ejemplo la “e” y condiciono mis funciones ejecutivas para que casi de manera automática o instantánea mi dedo vaya a la tecla “e” y la digite. En esa acción tan sencilla tuve una decisión, inicié la acción visualizando la meta y ejecuté el plan casi de manera automática. Y así una letra tras otra. Los adultos estamos entrenados para hacer muchas cosas de manera automática porque dominamos las funciones ejecutivas. ¿Qué hubiera pasado si no encontraba la tecla “e”? Lo más probable  es que me hubiera detenido un instante a buscarla y luego de encontrarla hubiera continuado con el plan.
 
En los niños, muchas de las respuestas son impensadas. En sus acciones está incorporado el impulso y por lo tanto es muy notorio que a veces no logra visualizar la consecuencia. También es notorio que a menor edad la posibilidad de una respuesta reflexiva es también mucho menor.
 
El niño se guía por el gusto, el afecto, el juego, el descubrimiento y en sus respuestas no hay mayor ejercicio o dominio de estas funciones ejecutivas, sobre todo a temprana edad. Va creciendo y se va haciendo cada vez más dueño de sus actos. Empieza a saber lo que quiere y se ve que sus acciones son cada vez más elaboradas. Esto lo asociamos con la madurez.
 
Y una de las características más saltantes de dicha madurez es el ejercicio de la inhibición cognoscitiva que es una de las funciones ejecutivas. ¿Y qué es la inhibición cognoscitiva? Es la capacidad que tiene una persona para anteponer lo que se debe hacer a lo que se quiere hacer. Por ejemplo, un niño pequeño que ve un dulce y lo tiene a su alcance, la mayoría de veces lo comerá muy a pesar de alguna regla o prohibición que le haya impuesto el adulto. El impulso por el dulce “es más fuerte que él”. No tiene todavía la capacidad de inhibirse.
 
Y en general, le cuesta mucho a un niño aceptar reglas. Podríamos pensar que contradicen en ese momento su naturaleza en donde la regla más fácil a seguir es lo que me gusta, lo que quiero, un tanto guiado por ese egocentrismo propio de su edad.
 
Por eso es que es muy importante trabajar en el niño sobre condiciones y reglas, desde temprana edad. Así, se le ayuda a madurar.
 
Y en este contexto, el ajedrez que conlleva en sí un conjunto grande reglas, movimientos diversos, turnos, consecuencias; así como múltiples situaciones en donde las mejores respuestas contradicen lo que se quiere y se experimenta de manera fácil las consecuencias de la acciones, se presenta como una gran oportunidad para desarrollar las funciones ejecutivas. Todas, excepto la fluidez verbal, son trabajadas con el ajedrez.
 
Y con relación a los párrafos anteriores, la inhibición cognoscitiva es una de las  funciones ejecutivas que se moldeará con el ajedrez, primero ante la decisión de aceptar las reglas y segundo ante la progresiva visualización y aceptación de las consecuencias. El niño se dará cuenta que si quiere tener éxito en el juego ya no deberá mover por impulso, sino que deberá progresivamente recurrir a la reflexión para conseguir consecuencias favorables. Es decir, aprenderá a detenerse y a contradecir lo que le provoca hacer porque aprende a visualizar las consecuencias. Este ejercicio de éxito que el niño aprende con el ajedrez lo incorpora paulatinamente en su vida diaria.
 
Está por descontado que esto lo hará si conseguimos que le guste el juego y para ello el ajedrez debe de ser enseñado de la manera conveniente.
 
El ajedrez es una gran oportunidad de ejercitar las funciones ejecutivas y concretamente por lo expuesto en esta lectura, de ejercitar la inhibición cognoscitiva.
 
 
Walter Iriarte Blas
Profesor de ajedrez del Colegio Santísimo Nombre de Jesús por más de 17 años.
Magister en Educación con mención en Teorías Educativas
Magister en Psicología con mención en Problemas de Aprendizaje
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Referencias
  1. Iriarte, W. (2016). El ajedrez como herramienta para desarrollar capacidades. Déjalo ser.
  2. Tirapu-Ustárroz, J. & Luna-Lario, P. (2008). Neuropsicología de las funciones ejecutivas. Revista de Neurología, 46, 748-750
  3. Roselli, M, Jurado, M. & Matute, E. (2008). Las Funciones ejecutivas a través de la Vida. Revista neuropsicología, neuropsiquiatría y Neurociencias, 8(1) 23-46
10 Mayo 2016 In Primaria
Desarrollar las capacidades de los niños muchas veces no parece ser una tarea sencilla. Definitivamente, el juego es siempre un vehículo para lograr este desarrollo y el ajedrez es un juego, que de resultar atractivo y llevándolo convenientemente, puede desarrollar múltiples capacidades en los niños. Y estas capacidades pueden trabajarse en mi experiencia desde edades tempranas, incluso desde los tres años.
Si nos ponemos a pensar en un tablero de ajedrez gigante, en donde hacemos jugar a un niño pequeño y conseguimos que primero logre identificar los colores de dicho tablero; luego ubicarse encima de uno de los cuadrados de colores, habiéndolos discriminado previamente; luego, desplazarse sobre ellos cambiando de color o buscando direcciones; o por un mismo color en diagonal; o saltar por encima de un cuadrado yendo de cuadrado blanco a cuadrado negro y muchas variantes más, entonces podríamos pensar que no necesitas mucha edad para el ajedrez y para el desarrollo de las capacidades que el ajedrez conlleva.
Jugar ajedrez tiene su encanto como cualquier juego, pero evidentemente para que se le encuentre el gusto debe ser enseñado de manera encantadora, de lo simple a lo complejo y rodeado de todos los artificios pedagógicos que le den este encanto; canciones, videos, satisfacciones, variedad en las rutinas.
Este sería el punto de partida para sacarle el mayor provecho a un juego que podría ayudar mucho, pero que lo hará en la medida que el niño se encuentre involucrado con él.
Los colores y las formas de las piezas, tienen ya su atractivo, pero son su complejidad y sobre todo la aceptación de reglas, las principales razones para no simpatizar con el ajedrez.
Todo niño preferiría siempre un juego en donde él tuviera todos los turnos o pudiera mover las piezas que le plazca en el momento que le plazca. La aceptación de que es una actividad necesariamente compartida es un gran paso y una de las fortalezas del ajedrez como actividad de desarrollo social y de autodominio. Luego, el llegar a aceptar que no es el único que tiene un plan o una intención y que hay otro que puede tener un mejor plan que él, puede ser incluso un hito dentro de esa intención de guiar al niño para desterrar el egocentrismo, que por naturaleza tiene en sus primeros años.
La aceptación de manera rápida de las derrotas y el correcto manejo de los triunfos son otros de los temas que aporta el ajedrez. Y si el niño lo práctica con frecuencia y logra tener motivación para conseguir mejores resultados, se irá desarrollando en él, su capacidad inhibitoria, ya que de manera sencilla el niño sentirá que muchas veces debe abstenerse de mover de manera impulsiva porque existe la posibilidad de cometer un error o fallar y antepondrá la reflexión al impulso.
Quizás, éstas, sean las riquezas que tiene el ajedrez y es más rico aun cuando se sabe guiar al niño o inducirlo no necesariamente a jugar sino a reflexionar. El ajedrez puede convertirse en una herramienta maravillosa cuando en su enseñanza se prioriza el enseñar a pensar, que puede traducirse de manera sencilla en dar estrategias al niño para que en situaciones problemáticas recuerde que su mejor arma es la reflexión: ¿Cuál es mi plan?, ¿Qué intenta mi compañero?, ¿Qué pasaría si hago esto o aquello? y más preguntas. El niño irá desarrollando de manera fácil una visión prospectiva, que es una cualidad muy poco trabajada. Crecerá en juicio crítico, imaginación y creatividad.
Por todo lo que hemos mencionado podemos ver que el ajedrez no sólo desarrolla, como casi es evidente y conocido, el pensamiento lógico y la habilidad espacial, así como la atención y concentración, sino que mucho de su potencial está también en la forma cómo se aprende y cómo se guie durante el proceso de su adquisición o dominio.
Si queremos hacer un recuento de todas las capacidades y destrezas que puede desarrollar el ajedrez podríamos representarlas en unos cuadros:
 
Capacidades Pre- Básicas
Capacidades Atención Percepción Memoria
Destrezas Concentración Identificar Memoria Asociativa
Atención Selectiva Describir Memoria Visual
Atención Focalizada Discriminar Memoria Global
Atención de Entrada Explorar Memoria de Reconocimiento
Atención Sostenida Visualizar Memoria Constructiva
Atención Lóg. Simbólica Formar Imágenes  
  

Capacidades Básicas

Capacidades Lógicas Espacio Temporales Expresión Socialización
   Destrezas        Analizar  Localizar  Exponer  Opinar
 Interpretar  Situar  Producir  Debatir
 Comparar  Secuenciar    Dialogar
 Relacionar  Representar    Convivir
 Clasificar  Buscar    Integrarse
 Sintetizar  Contextualizar    Participar
 Abstraer      Trabajo en Equipo
 Inferir      Autonomía Personal
 Deducir      
 Comprobar      
 Evaluar      
 
Capacidades Superiores
Capacidades Pensamiento Creativo Pensamiento Crítico Pensamiento Resolutivo Pensamiento Ejecutivo
Destrezas Originalidad Argumentar  Definir Problemas Mente Abierta
Fluidez Ideas Analizar Críticamente Generar Alternativas Seleccionar Alternativas
Fantasía Defender opiniones Predecir Resultados Consultar
Imaginar Emitir Juicios Extraer Consecuencias Objetividad
Flexibilidad Elaborar Conclusiones Evaluar Acción Estar Consciente
Iniciativa Buen Juicio Evaluar Resultado Controlar el Proceso
Curiosidad     Evaluar Resultados

 
Muchas de las destrezas descritas dentro de las capacidades superiores se trabajan con la práctica del ajedrez de manera más asidua. Sin embargo, las destrezas descritas dentro de las capacidades pre-básicas son las que de manera natural pueden ser desarrolladas. Las destrezas mencionadas dentro de las capacidades básicas van siendo adquiridas conforme el niño se involucra con el juego y además de manera guiada o trabajada.
Por todo ello podemos decir que el ajedrez es una gran herramienta para desarrollar capacidades.
 
 
Walter Iriarte Blas
Docente. Profesor de ajedrez.
Magister en Educación con mención en Teorías Educativas
Magister en Psicología con mención en Problemas de Aprendizaje
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