Déjalo Ser

Encuéntranos:
facebook
you tube
19 Abril 2017 In Primaria
Con mucha frecuencia los padres notamos que alguno de nuestros hijos está distraído, mirando a todos lados, sin hacer lo que se le indica o solicita…entonces decimos…es que es muy distraído…no está atento a lo que le decimos…
 
Lo primero que debemos entender es que la atención es un proceso complejo acompañado por un procedimiento cognitivo. Es el mecanismo que controla y regula los procesos cognitivos. (Lenin) relacionado con los procesos afectivos y con las experiencias adquiridas. Entonces la atención es el proceso conductual y cognitivo de la concentración selectiva que permite la asimilación de información sea considerada subjetiva u objetiva. Esto quiere decir que se convierte en la acción, el filtro y el resultado de las acciones.
 
El cerebro es la base de la atención y de todos los procesos psicológicos,  donde una neurona, logra liberar descargas eléctricas que estimulan a otra neurona. La realidad es que se debe a la cantidad de neuronas y sinapsis que se encuentran en nuestro cerebro para la adquisición de la atención.
 
Tipos de atención:
 
Atención selectiva: Implica seleccionar algunos estímulos sobre otros. Es decir responder de manera preferencial por unos e ignorar a los otros. Por ejemplo, atender a las indicaciones que da el padre y no atender a los sonidos de los carros o a la televisión.
Atención sostenida (concentración): Es la capacidad para mantenerse alerta y comprometido voluntariamente durante un largo periodo de tiempo a pesar de la frustración, aburrimiento o poco interés en la actividad. Eso indica que el niño permanece haciendo su tarea por un largo tiempo.
Atención dividida: Estar atento a dos estímulos respondiendo de manera diferente. Contestar al mismo tiempo en dos tareas simultáneas tiene menor desempeño que en tareas independientes.
Atención voluntaria (de preparación): Se produce de manera consciente y se puede desarrollar y trabajar para ser mejorada. En esta etapa el niño se prepara para dar una respuesta, activándose en su cerebro los conocimientos necesarios para emitir esa respuesta.
Atención involuntaria: El niño sigue con facilidad cuestiones emocionales o de su interés lo que es más difícil de controlar a nivel social o grupal.
Inhibición: Implica no responder a un estímulo cuando lo natural es dar una respuesta. Cuando el niño evita continuar con la conversación para no distraerse innecesariamente.
Atención serial: procesar los estímulos en orden para buscar la información y una vez que se mencionan son cancelados u olvidados. Cuando el niño escucha las conversaciones y menciona los hechos, al final lo desecha sin buscar sentido global.
 
Sugerencias para desarrollar la atención:
 
  • Determinar el nivel de atención que tiene nuestro hijo, para poder darle actividades de acuerdo a sus requerimientos.
  • Dar actividades por corto tiempo que se irán incrementando con la práctica. Por ejemplo, armar rompecabezas unos minutos, si ya no quiere decirle que lo recoja y lo guarde en su sitio.
  • Aprender a realizar las pausas en el momento en que el niño lo necesite.
  • Eliminar las fuentes distractoras.
  • Utilizar apoyo visual, auditivo, táctil, motor de acuerdo a las características del niño.
  • Incentivar la participación con otras personas: niños y adultos para que se vayan organizando a nivel de grupo.
  • Motivar la imitación de otras conductas.
  • Felicitarlos y alabarlos cada vez que han logrado la atención necesaria.
Recuerde que los niños desde los 3 meses hasta los 2 años, su mayor interés es en las actividades lúdicas como: arrastrarse, rodar, gatear, caminar, chupar, lanzar, colorear, agrupar, encajar, apilar, ensartar, mirar, escuchar, etc. por eso es FUNDAMENTAL permitir que sus hijos hagan estas actividades estando atentos al momento en que hace algo inadecuado y donde los padres debemos intervenir para orientar adecuadamente el proceso de desarrollo.
 
 
 
Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser
22 Octubre 2015 In Primera Infancia

Esta etapa es conocida como la etapa pre verbal y comprende los primeros 10 a 12 meses de edad. Se caracteriza por la expresión buco - fonatoria donde el bebé emite sonidos onomatopéyicos. La comunicación que se establece tiene dos agentes, el bebé y su medio (familia), siendo la relación  de tipo afectivo y gestual.

1. Del nacimiento a los dos meses de edad

Durante el primer mes, la expresión del bebé es el llanto, manifestación sonora puramente mecánica o refleja. Con el llanto el bebé pone en funcionamiento el aparto fonador. Al inicio del segundo mes, el llanto ya no es una manifestación mecánica o indiferenciada, sino que el tono del sonido cambia condicionado por el dolor, hambre u otra molestia, es decir varia de acuerdo al estado de bienestar o malestar del bebé. El bebé con el llanto logra comunicar sus necesidades y va percibiendo que puede manejarlo de manera voluntaria dejando de ser un  reflejo o sonido indiferenciado.

2. De tres a cuatro meses de edad

Al inicio del tercer mes el bebé produce sonidos guturales y vocálicos que duran de 15 a 20 segundos. Responde a sonidos humanos mediante la sonrisa y a veces con arrullo o murmullo.

A esta edad ya distingue entre los sonidos /pa/ /ma/ /ba/ /ga/, sus vocalizaciones ya pueden mostrar alegría, sus manifestaciones de placer las expresa mediante consonantes guturales “ga,ga” “gu,gu”, mientras que su displacer lo expresa a través de consonantes nasalizadas “nga, nga”.

El bebé va distinguiendo entonaciones afectivas relacionadas a la alegría, sorpresa, temor ante el tono de voz, especialmente la de sus padres.

A los tres meses aparece el balbuceo o lalación (emisión de sonidos de silabas como ma-.ma /ta-ta y otras). Esto irá ampliándose y estarán cargadas de intención comunicativa con la madre. Estos variados sonidos vocálicos y silábicos que el bebé dirige a la madre deben ser atendidos, entendidos y contestados por ella de manera reiterativa, estimulando el desarrollo lingüístico.

3. De cinco a seis meses de edad

En estos meses se da la “imitación de sonidos”, se inicia en forma de autoimitaciones de los sonidos que el mismo niño produce, más tarde empieza a repetir sonidos que el adulto u otro niño produce. Se dan las estructuras de entonación claramente discernibles en ciertas vocalizaciones en las que pone énfasis y emoción. Las primeras emisiones son producciones fonéticas en el siguiente orden: a, e, o, i ,u, posteriormente aparecerán los labiales p, m, b , los dentales d, t y velopalatales g, j .

4. De siete a los ocho meses de edad

Hasta los 6 o 7 meses el niño se encuentra vigilante y pendiente del adulto, a partir de los 7 u 8 meses esto cambia y se dan los intercambios vocales que tienen carácter de conversación que  permite afirmar el contacto social, iniciar el dar y recibir objetos pronunciando el nombre de cada uno. En estas edades se multiplican las vocalizaciones espontáneas, tanto vocálicas como consonánticas, silabas y diptongos que conducirá al niño a emitir sus primera palabras.

5. De los nueve a los diez meses de edad

Empieza a decir palabras cortas, como repetición de lo que dicen los demás modelado por los adultos. El niño  manifiesta comportamientos claramente intencionados, mejora el funcionamiento de los músculos (órganos fonoarticuladores) que se realizan en la masticación, aumenta la destreza en los movimientos de la lengua, labios , mejillas, favoreciendo la vocalización articulada.

El niño se interesa por imitar gestos y sonidos y por comunicarse, lo cual le motiva a prender el lenguaje. La imitaciones espontáneas reforzadas por los padres, quienes imitan y repiten varias veces con él, haciendo que sus vocalizaciones sean más variadas, contando en su repertorio con tres a cinco palabras articuladas. Pero como el niño aún no dispone de la aptitud necesaria para la expresión oral se ve obligado a simplificar  el lenguaje. Ejemplo: “ete..ete” del niño señalando con su mano la leche, corresponde a la frase “ dama leche, mamá”, la misma que irá progresando poco a poco.

6. De los once a doce meses de edad

El niño de 11 meses presenta un repertorio lingüístico  con más de cinco palabras, en esta edad emplea palabras casi idénticas que el adulto, pero no les atribuye el mismo significado, sin embargo esto irá acercándose a lo real. Entre los 11 a 12 meses el niño suele articular ya sus primeras palabras de dos silabas directas “mamá, papá, teta” dando inicio a la siguiente etapa llamada lingüística o verbal.

 

Lic. Jessica Susano Ramos
Profofesora de Educacion Especial.
Especialista en Lenguaje y Aprendizaje.

20 Octubre 2015 In Primera Infancia

Desde los primeros días de nacido el niño se pone en contacto con el mundo a través de sus manos. Al momento de nacer el niño aprieta fuertemente el pulgar del adulto por el reflejo palmar (grasping), este movimiento es un acto reflejo, es asimétrico y  sub cortical, es decir, no es voluntario. A partir de este reflejo, Arnold Gesell, establece varios grados de maduración de la mano de acuerdo al tipo de prensión que va realizando el niño.

A partir del tercer mes se va perdiendo el reflejo palmar y se inicia la prensión voluntaria:

Evolución del Eje de prensión:

  • Un Eje Transversal: Del borde cubital al radial (del meñique al pulgar).
  • Un Eje Longitudinal: De la palma a la yema de los dedos.

Secuencia de la prensión:

Primera Prensión:  Cubito  Palmar

  • Se presenta a partir del cuarto mes.
  • Se realiza entre la primera falange del meñique y la eminencia hipotenar.
  • La prensión es Lateral: El niño mueve los brazos desde los hombros  para coger un objeto.
  • Empieza la función cortical de prensión voluntaria de  forma simétrica en espejo.
  • La prensión es bimanual simultánea (en ambos brazos se da el mismo movimiento).

Segunda Prensión:  Palmar Simple

  • Se da entre los 5 y 6 meses.
  • Se realiza entre los 4 y sobre todo los últimos 3 dedos y la palma de la mano.
  • Cuando el niño quiere coger un objeto de pequeñas dimensiones rasga la superficie de la mesa con los 4 últimos dedos (arrastre – rastrillo).

Tercera Prensión: Palmar Radial

  • Se presenta entre los 7 y 8 meses.
  • La aproximación es parabólica.
  • La prensión es asimétrico cortical:  voluntaria y puede pasar un objeto de una mano a otra.
  • El niño es capaz de sujetar un objeto en cada mano.

Cuarta Prensión: Pulgar Digital

  • Se da a partir del noveno mes.
  • Se logra pinza superior y fina alrededor de los 12 meses.
  • La aproximación es Directa, todas las articulaciones participan y en particular la radio cubital inferior, pues ejecuta un ligero balanceo en pronación lo que pone a la pinza (pulgar- índice) en contacto con el objeto a asir.

Aproximación en la prensión:

Primer Periodo: Aproximación Lateral (Barrido)

  • Se da entre los 4 – 5 meses
  • Se realiza con el extremo del brazo y el hombro.
  • Acompaña a la prensión cubito palmar.

Segundo Periodo: Aproximación Parabólica (De arriba hacia abajo).

  • Se da entre los 7 – 8 meses
  • Interviene el codo  pero sin prono  supinación de la mano.
  • La prensión es palmar simple.

Tercer Periodo: Aproximación Directa (Coger directamente el objeto).

  • Se da a partir del noveno mes.
  • Pone en juego el hombro, codo y articulaciones de la muñeca y mano.
  • Hay pronación de la mano.

 

Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General Déjalo Ser

30 Septiembre 2015 In Primera Infancia

La investigación sobre el desarrollo demuestra que los infantes nacen con el impulso de buscar a sus padres y conectarse con ellos y los padres tienen la capacidad interna de responderles. Es decir, este infante es la creación conjunta de dos personas. Este infante recreado está constituido por recuerdos y reactualizaciones presentes en la transferencia e interpretaciones.

Algunas veces las madres se sienten inseguras y solas y los padres se sienten excluidos, relegados a los márgenes de la vida de sus hijos.

Los infantes ejercen un control importante de la iniciación, el mantenimiento, la terminación y la evitación del contacto social con la madre, ellos ayudan a regular la participación. Además, al controlar la dirección de su mirada, regulan el nivel y la cantidad de estimulación social a la que están sometidos.

El modo en que los infantes regulan su propia estimulación y contacto sociales por medio de la conducta de mirada es análogo, en cuanto al rasgo genérico de la autonomía y la independencia.

Los padres pasan más tiempo con sus  hijos en juegos que implican pocos juguetes y que alientan la exploración y menos tiempo en juegos que simplemente tienden solamente a entretenerlos y distraerlos. Las madres juegan menos con sus hijos, pasan más tiempo brindándoles atención física y subrayan la instrucción y el autocontrol.

Es más probable que los padres alienten a sus hijos a tolerar la frustración y a dominar tareas solos antes de ofrecerles ayuda, mientras que las madres tienden a ayudarlos.

Siempre es sorprendente cuando se descubre que los padres cambian a causa de sus hijos casi tanto como los niños cambian a causa de sus padres. Los requisitos de la paternidad son tan exigentes que ninguno cumple bien todos sus aspectos en todos los estadios del desarrollo y todo el tiempo. La danza entre desarrollo adulto e infante exige que la guía cambie a menudo sin perder el ritmo o movimiento hacia delante del crecimiento personal.

Lo que convierte a un hombre en padre es la madre, y lo que piensan y sienten las mujeres sobre los hombres con quienes tienen hijos modela muy fuerte las oportunidades de desempeñarse como padre.

Una vez que observamos las cosas con cuidado, vemos capacidades de crianza tanto en las madres como en los padres. En rigor, la esencia misma de la crianza – la capacidad de ser abnegado y paciente, amante y coherente, tolerante pero con expectativas y la capacidad de compartir y sacrificar los propios activos emocionales, espirituales, materiales e intelectuales – en última instancia trasciende al género. Nuestra historia personal, preparación cultural, religión y valores familiares pueden predisponernos a favor o en contra de la expresión de tales capacidades y no es un dominio exclusivo del género.

El vínculo inicial entre el infante y quien lo cuida puede considerarse como el esfuerzo de la naturaleza para asegurar que las inteligencias personales tengan el comienzo debido.

Daniel Stern (1996) describe cuatro diferentes sentidos del sí mismo que desarrolla el infante, cada uno de los cuales define un dominio distinto de la experiencia del sí mismo y el racionamiento social:

  1. El sentido de un sí mismo emergente, que se forma entre el nacimiento y los dos meses.
  2. El sentido de un sí mismo  nuclear, que se forma entre los dos y los seis meses;
  3. El sentido de un sí mismo subjetivo, que se forma entre los siete y los quince meses,
  4. El sentido de un sí mismo verbal que se forma después del anterior.

 

Lic. Judith Cachay Rodríguez
Psicoterapeuta psicoanalítica

18 Agosto 2015 In Primera Infancia

El desarrollo socioemocional del infante surge del lazo entre el niño y quien lo cuida, en casi la mayoría de los casos, su madre. Durante el primer año de vida, el infante llega a establecer un lazo poderoso con su madre, ayudado por la atracción igualmente intensa que la madre siente hacia su bebé. Y en estos fuertes lazos y sentimientos que lo acompañan se encuentra el origen de un desarrollo socioemocional estable y seguro.

Durante más o menos un año, el lazo tiene la máxima intensidad, de manera que el infante se perturba cuando se separa de repente de su madre o cuando percibe que un adulto extraño es una amenaza para el vínculo. El infante trata de mantener un sentimiento positivo de bienestar y de evitar situaciones de dolor o de ansiedad. Entonces, gradualmente el vínculo se vuelve más flexible y relajado. Conforme el infante va alejándose y puede regresar y encontrar allí a la madre o figura cuidadora, es que logra independizarse y lograr una imagen de la madre y, por lo tanto, lograr la individualización.

Si por alguna razón no se permite que el vínculo se forme de manera apropiada o si se rompe de manera abrupta entonces el infante da señales de dificultades.

Dentro de las etapas que atraviesa el niño durante los primeros años en su desarrollo socioemocional se pueden describir las siguientes:

Primera Fase: Fase Autista Normal: Del nacimiento a las cuatro semanas

El recién nacido nace con conductas reflejas (succión, exploración, movimientos, entre otras) que le permiten un equilibrio fisiológico para adaptarse a su nuevo ambiente. El bebé no logra diferenciar sus propias tentativas para apaciguar sus tensiones (escupir, toser, orinar, regurgitar, gritar, vomitar) de las que se generan por los cuidados de su madre. La madre debe protegerlo y satisfacer sus necesidades. El pecho de la madre es parte de él mismo y la madre queda reducida a la sensación de calor que le proporciona.

El ambiente no se percibe debido a que las nociones de interior y exterior no existen, las partes del cuerpo no se siente diferentes, no hay separación entre él y su madre. Sus afectos son indiferenciados. El niño reacciona frente a estímulos internos (hambre, sed) o externos (luz, frío, ruidos) que sobrepasan su umbral con displacer (gritos, llanto) y la madre contribuye a restablecer el equilibrio cuando lo atiende y satisface sus necesidades.

Segunda Fase: Fase Simbiótica Normal: De los 2 meses a los 4 a 5 meses

En esta etapa la madre y el niño forman una unidad. El niño se encuentra en un estado de dependencia absoluta y la madre en un estado de dependencia relativa. El lactante tiene una representación de la madre unida a él y separada con él del mundo exterior.

D.W. Winnicott plantea en esta etapa la noción de la “madre suficientemente buena”, donde la salud mental parte de un concepto clave: dependencia, estimando que un niño sólo puede desarrollarse si se le unen los cuidados maternales que permiten prevenir las distorsiones precoces, ofreciéndole un ambiente favorable. Al comienzo son absolutamente necesarios los cuidados maternales suficientemente buenos, que despierten en el niño el deseo de vivir y que susciten el placer de las sensaciones.

Tercera Fase:   Proceso de Separación – Individuación

Mahler explica que esta tercera fase se origina en dos líneas de desarrollo que se sustentan en la maduración neurológica y fisiológica del niño:

  • La primera, que conduce a la separación y permite la diferenciación, distanciación, formación de límites y desvinculación de la madre.
  • La segunda, que conduce a la individualización y que permite la evolución de funciones autónomas como la percepción, memoria, pensamiento, entre otras.

Estas dos líneas del desarrollo permiten un funcionamiento autónomo del niño, la adquisición del concepto de sí mismo, la adquisición de la marcha y la representación del objeto.

Margaret Mahler identifica cuatro  etapas en este proceso:

Primera etapa:  Diferenciación – Desarrollo del Esquema Corporal : Del 4/5 mes –  9 meses

En esta etapa, el bebé logra diferenciar a la madre del resto con la sonrisa social como respuesta específica de su preferencia y de su vínculo específico con ella. En esta etapa, el bebé hace sus primeros intentos de “ruptura” corporal con la madre, ya no quiere estar en brazos, prefiere jugar cerca de ella.

Alrededor del quinto mes, el bebé comienza a diferenciar su cuerpo del de la madre, interesándose por la exploración táctil de la madre (jalar su cabello, sus orejas, poner resistencia en su cuerpo para apartarse de ella).

Entre los 6 y 7 meses se produce el apogeo de la exploración manual, táctil y visual del rostro y el cuerpo de la madre. El bebé suele descubrir su cadena, aro, anteojos. A esta edad aparece el objeto transicional como sustituto de la madre, un objeto blando y cálido al tacto y que está saturado de olores corporales, que el bebé oprime cerca de su rostro y de su nariz porque le recuerdan a su madre.

A partir de los 8 - 9 meses, el bebé tiene la capacidad de realizar una diferenciación perceptiva bien desarrollada de los rostros. Cuando el bebé se encuentra frente a un desconocido contrasta su rostro con el de su madre, produciéndose la pauta visual “verificación de la madre”, que es muy importante para el desarrollo cognitivo y emocional del niño, ya que se dedica a comparar a su madre con otros. Entonces se produce la primera angustia del niño “angustia frente a los extraños o angustia ante la separación”, que es una angustia por la pérdida del objeto, el niño siente que su madre lo ha abandonado.

Segunda etapa: Las tentativas motrices: De los 9/12 meses hasta los 15 meses

Esta es la etapa de la ejercitación locomotriz. Lo que caracteriza al niño es que puede alejarse físicamente de la madre.

Tiene dos periodos:

  • En una primera tentativa, cuando gatea y camina con apoyo, el niño siente atracción por el mundo circundante pero el interés predominante continúa siendo la madre. En esta fase se establece la distancia óptima característica de la interacción madre – niño que le permite explorar el mundo “próximo” a ella.
  • En una segunda tentativa, el niño adquiere la capacidad de la locomoción libre y experimenta sus propias capacidades.

En esta fase el bebé extiende su interés hacia los objetos inanimados proporcionados por la madre, luego va expandiendo su capacidad motriz, donde tiene un rol activo para explorar un segmento más amplio de la realidad. El niño está entusiasmado con su capacidad motriz, pareciera que el niño ya no tiene interés hacia la madre. Sin embargo, ella es el punto estable, el punto de referencia a donde siempre puede regresar, es la posibilidad de reabastecimiento emocional y afectivo, para que el niño vuelva a incursionar en sus exploraciones.

En esta etapa es muy importante la capacidad de la madre de “soltar” a su hijo, estimulando y promoviendo su recién adquirida libertad y logros. Este es el primer gran paso hacia la formación de la identidad. En esta etapa si el niño sufre una caía o golpe, generalmente disminuye su interés por el entorno, y si una persona ajena a la madre intenta reconfortarlo, el niño pierde equilibrio emocional y llora hasta la llegada de la madre.

La marcha tiene un gran significado en la independización del niño. Si la madre trasmite expectativa y confianza, haciendo sentir a su hijo que es capaz de “lograrlo”, entonces el niño desencadenará un sentimiento de seguridad en sí mismo. Cómo perciba el niño su mundo, depende en gran medida de la confianza que la madre le brinde, ya que este proceso podría ser experimentado como doloroso si no estuviera ahí la madre para aliviar miedos, caídas y heridas.

Esta etapa, comprendida entre los 9 y los 15 meses, es la que Spitz denominó estadio del objeto libidinal, porque el niño reconoce claramente a la madre y la diferencia de su entorno, comparándola con todas las personas que se le acercan e iniciándose la “angustia de separación” y la “angustia frente a los extraños”.

Tercera etapa:  La aproximación: Entre los 15 y los 24 meses

En esta etapa el niño ha tomado verdadera conciencia de estar físicamente separado de la madre. Anteriormente, había dejado en suspenso la necesidad de cercanía de la madre, pero en esta etapa hay una fuerte necesidad de disponer emocionalmente en forma óptima de ella. Esta etapa se subdivide en tres fases:

Al comienzo de la aproximación, entre los 15 y los 18/20 meses, el niño desea que la madre comparta sus descubrimientos y que participe en sus actividades. Su pasatiempo favorito es la interacción social con la madre, a ella le trae, le enseña los juguetes que encuentra y desea compartirlos con ella.

En esta etapa se inicia un alto grado de Ansiedad de Separación, debido a que existe una mayor conciencia de separación física que se transforma en miedo a perder el objeto de amor.El niño comienza con patrones contradictorios de comportamiento como “sombrear”, vigilar y seguir a la madre a todos lados y “arrancarla”, que se manifiesta en la resistencia que hace a la madre de restringir su autonomía, debido a que cada vez más, experimenta su cuerpo como una posesión propia: ya no quiere que lo manejen, se resiste a que lo tengan en una posición pasiva mientras lo visten, se presenta el negativismo hacia la madre y a otras personas. Pero cuando la madre pasa mucho tiempo lejos de él  aumenta su inquietud y tristeza.

Luego, se produce la crisis de la aproximación (18/20 – 22 meses), que es un período de ambivalencia cercanía – autonomía, donde el niño cambia de ánimo con mucha facilidad hacia la insatisfacción, inestabilidad y pataletas. Esta etapa se caracteriza porque pueden ocurrir conductas tan ambivalentes como aferrarse al abrigo de la madre  para que se quede y al siguiente momento comer grandes cantidades de galletas sin interesarse por ella. En este periodo son necesarias las actividades transicionales, (leerle cuentos, cantar, jugar con material) porque le permite tolerar la ausencia de la madre y acercarse a la persona sustituta.

En esta etapa la esfera social, que estaba marcada por la madre, se extiende y se desborda para incluir al padre primero y luego a los pares.

Alrededor de los 22 a 24 meses, se resuelve la crisis de aproximación. A esta edad disminuyen  la ansiedad de separación y la ambivalencia cercanía – autonomía. El niño parece encontrar un punto de equilibrio facilitado por su mejor desarrollo del lenguaje, adquiriendo la capacidad de nombrarse como “yo” y de nombrar a personas familiares, de lograr el proceso de interiorización de reglas y su capacidad de expresar fantasías y deseos mediante el juego simbólico. Este periodo marca también el inicio de la identidad sexual y aparecen diferencias significativas en el comportamiento entre niños y niñas.

Cuarta etapa: Permanencia del objeto - consolidación de la individualidad: 24 – 36 meses

Esta última fase es extremadamente importante, debido a que los niños deben alcanzar muchos logros: una individualidad definida, estructuración de sí mismo y el despliegue de funciones cognitivas complejas.

La comunicación verbal se desarrolla rápidamente y permite el juego de la fantasía, de los roles. Los niños desarrollan un sentido del tiempo que permite tolerar la ausencia de la madre. Cuando la retirada de la madre provoca rabia y añoranza en el niño, este no puede hacer una representación mental de la madre y necesita estar disponible físicamente.

Recién a partir del tercer año, la ausencia física de la madre puede ser sustituida por la presencia de una imagen interna confiable, que se mantiene estable.

 

Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General Déjalo Ser

Está aquí: Inicio Articulos Mostrando artículos por etiqueta: desarrollo