Déjalo Ser

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10 Noviembre 2016 In Segunda Infancia
Algunas hábitos de los niños sacan de quicio a los padres. Es frecuente escuchar a muchos padres de familia diciendo frases como estas: “Sácate la mano de la boca” “te he dicho que no te comas las uñas", "no te jales el cabello"; “no te chupes el dedo” “ no te metas los dedos en la nariz”,  además de darles manotazos o pellizcos a sus hijos para que dejen de hacerlo, su pregunta siempre es: ¿Lo hacen a propósito o les ocurre algo?.
Existen cuatro malos hábitos comunes en los niños que perturban mucho a los padres (morderse las uñas, chuparse los dedos, juguetear con el cabello y hurgarse la nariz). Aunque estos hábitos le molesten o le preocupen, hay que tomarlo con calma. En la mayoría de los casos, un hábito de este tipo constituye sólo una etapa en el proceso normal de desarrollo y no un motivo de alarma.
 
¿Qué es un hábito?
"Un hábito es un fuerte patrón de comportamiento que se repite una y otra vez. El niño que manifiesta este comportamiento normalmente no es consciente de ello" (Dr. Tim Wysocki-psicólogo y pediatra). En algunos casos, el hábito deja de serlo, para constituir el resultado o la causa de un problema físico o psicológico. El hábito puede ser un síntoma de una enfermedad más seria.
A pesar de que los hábitos suelen ser benignos, una mala costumbre que llegue a producir daños o lesiones corporales en el niño deja de ser un hábito. Cuando un hábito se produce con tanta frecuencia que afecta a las relaciones sociales del niño o interfiere en su funcionamiento diario se convierte en un comportamiento obsesivo, como los que se producen en un trastorno obsesivo compulsivo. Si su hijo es objeto de burlas en la escuela, o tiene dificultad para hablar porque no se quita el dedo de la boca, su comportamiento va más allá de un simple hábito.
Todos los hábitos o actos repetitivos son motivo de preocupación, pero depende de la edad del niño, de las circunstancias y de la frecuencia con que aparezca el hábito. A veces sencillamente se tratan de gestos que pertenecen a su lenguaje corporal.
 
¿Cómo se adquiere un mal hábito?
Existen algunos motivos por los que un niño empieza a repetir una mala acción.  Una de las vías más frecuentes para adquirir un mal hábito son:
  1. La imitación. Los niños, principalmente los más pequeños, aprenden imitando. En casa, los niños imitan a sus padres y/o hermanos. En la escuela, a sus compañeros. Si el niño, no todos, convive con alguien que se come las uñas, es probable que con el tiempo llegue a imitarlo e inconscientemente se inicia un hábito.
  2. Señales que el niño emite cuando no encuentra palabras para expresar lo que siente o lo que le preocupa, entonces acaban comunicándose a través de alguna mala costumbre. En niños mayores, puede pasar si no encuentran diálogo en la familia, o no son entendidos por sus padres. Acaban adquiriendo un mal hábito para llamar la atención.
 
Morderse las uñas: Un hábito de larga duración.
Onicofagia es el termino médico utilizado para describir al paciente que se come las uñas, Este hábito de comerse las uñas es mas prevalente entre los 10 y los 18 años de edad, pero también se da en un buen número de adultos (5%). Algunos estudios estiman que el 40% de los niños entre los 5 y los 18 años se muerden las uñas; ocasionalmente también pueden morderse las uñas de los pies. Tanto los niños como las niñas tienen proporcionalmente la misma tendencia durante los primeros años; no obstante, a medida que se van haciendo mayores, los niños son más propensos a morderse las uñas.
Comerse las uñas es un comportamiento automático, agresivo y compulsivo, donde el individuo sabe que es malo, pero no puede evitarlo o sencillamente no se da cuenta. Habitualmente, responde a sentimientos de ansiedad o inseguridad.
Esta conducta  está relacionada con la forma en que las personas enfrentan situaciones,  es frecuente que se deba  a ciertas dificultades del niño para enfrentar determinadas situaciones específicas. Para solucionar el problema hay que investigar en qué circunstancias el individuo se come las uñas, y a partir de ese antecedente solucionar su hábito. Por ejemplo, un niño puede ponerse nervioso frente a la autoridad y reacciona mordiéndose las uñas. En este caso, la solución sería analizar qué le ocurre con las personas que ejercen algún poder sobre él.
La onicofagia es un acto casi siempre inconsciente (el niño no se da cuenta que lo esta haciendo). Muchos psicólogos anotan que identificar los “detonantes” que los hacen comerse las uñas, es una parte muy importante para controlar el hábito. La mordedura de las uñas generalmente se consideran reacciones automáticas que pueden ser provocadas por estrés, frustración, fatiga o aburrimiento.
Los expertos creen que esta manía se inicia en la infancia y se va diluyendo con la edad. Probablemente vieron a alguien haciéndolo y cuando se enfrentaron a una situación estresante, tomaron el hábito para canalizar y tratar de disminuir sus temores. Es poco probable que esta conducta ocurra antes de los tres años de edad pero entre los seis años y la pubertad es muy frecuente.
El origen de esta compulsión se relaciona con el instinto de succionar o mamar del bebé. La boca está llena de conexiones nerviosas y el acto de mamar es asociado con la sensación de sentirse saciado y experimentar placer, seguridad y protección. Después de cierto tiempo el seno materno es sustituido por el biberón, el  dedo y otros objetos. Las uñas representarían algo inmediato, sirven de distracción y estimulan el placer del cerebro, recordándonos esa asociación de nuestra etapa infantil.
Existen varios tipos de Onicofagia:
  1. Los niños que solo se las arrancan.
  2. El que se las arranca y además se las traga.
  3. El que dice que no se las come, pero se come los pellejitos.
Riesgos
Puede causar lesiones en los labios, tales como herpes, labios agrietados e infecciones. La apariencia de las manos se ve mermada por la escasez de uñas. Puede causar desgastes y astillamiento en los dientes centrales. Si su hijo se muerde mucho las uñas podría desarrollar infecciones.
 
Chuparse los dedos: Un hábito que tranquiliza.
En el recién nacido, succionar es un instinto necesario para sobrevivir que se manifiesta también fuera de las tomas de alimento. A partir de los 6 meses, cuando salen los primeros dientes, el instinto de succionar va disminuyendo, pero la costumbre de succionar como método para tranquilizarse dura todavía varios años. La necesidad de succionar aparece sobre todo cuando están cansados, se han hecho daño, se sienten tristes o molestos y a la hora de dormir.
Se estima que una cuarta parte de los niños se chupa el pulgar o reclama el chupón hasta la etapa de la educación inicial. En el niño pequeño, chupar para tranquilizarse puede considerarse como algo positivo, ya que le enseña que no todas sus necesidades requieren la presencia de la madre para ser satisfechas. Sin embargo, a partir de los 2 o 3 años el niño debería disponer de otros recursos para vencer un malestar. Puede jugar, pintar, mirar un libro, abrazar al osito de peluche, buscar la compañía de otras personas.
 
El chupar el dedo es un reflejo primario que a veces se mantiene por dos razones:
El niño esta acostumbrado al placer que le produce o le relaja chuparse el dedo. Por ejemplo el hábito de chuparse los dedos como un apoyo a la hora de conciliar el sueño.
Dificultad en el desarrollo psicomotor de los niños, debido a poca estimulación sensorial de la boca, que se manifiesta a través de un hábito.
La preferencia por el pulgar como dedo para chupar puede sugerir que es más agradable que el dedo índice. Sin embargo, esta preferencia parece ser accidental porque el pulgar entra en contacto con la boca como consecuencia de los movimientos espontáneos que realiza el niño. Algunos niños chupan también sus otros dedos o incluso todo el puño. Los niños que más se chupan los dedos son los niños más pequeños. Aproximadamente el 45% de los niños menores  de 2 años se chupa el dedo, mientras que solo un  5% de los niños lo hace a los 11 años.
Riesgos
Puede producirse malformación o maloclusión dentaria (mala posición de los dientes). Es conveniente hablar con un odontopediatra.
 
Hurgarse la nariz: Un hábito casi siempre inconsciente.
Esta mala costumbre la comparten los niños con muchos adultos, con la diferencia de que antes de los 4 o 5 años los chicos aun no saben que hurgarse la nariz pertenece a unas de las cosas que no se hacen en publico. El hábito de hurgarse la nariz puede aparecer de la imitación del niño a sus padres y/u otras personas cercanas. En verano, las mucosas se vuelven muy secas (también en invierno con la calefacción) y el pequeño siente la necesidad de librarse de los mocos duros. También le puede estar picando la nariz a causa de una alergia.
Hurgarse la nariz constituye un hábito que, aunque se inicia normalmente en la infancia, puede persistir hasta la madurez. Si esto le sorprende, un estudio realizado en 1995 en adultos puso de manifiesto que el 91% de ellos se hurgaba la nariz con regularidad.
Riesgos
Pueden producirse hemorragias nasales si se hurgan la nariz con mucha fuerza y frecuencia.
 
Enrollarse el cabello: Un hábito que produce suave sensación de sosiego.
Suele ser un hábito casi exclusivo de las niñas, como también de muchas mujeres adultas, debido a que la mayoría lleva el pelo más largo que los varones. Jugar con un mechón de pelo cuando se sienten avergonzadas o tímidas, les da tranquilidad y seguridad. Este hábito puede aparecer al principio de la infancia y prolongarse hasta que su hija es ya adolescente. En algunas niñas este comportamiento puede aparecer en la adolescencia.
Incluso los bebes se sienten atraídos por la suave textura de una cabellera, y muchos de ellos ponen sus deditos en el pelo de mama mientras toman el pecho o la mamadera. En principio, no hay nada nocivo en esta costumbre, a no ser que el varón o la niña empiecen a tirarse de los pelos hasta el punto de sacarse mechones enteros. Este comportamiento autoagresivo puede denotar un problema que requiere la ayuda de un psicoterapeuta.
Riesgos
Juguetear con el pelo no es peligroso en sí mismo, pero si se empieza a arrancarse mechones de pelo, puede tratarse de tricotilomanía, un trastorno más serio.
 
¿Qué podemos hacer?
Muchos padres no saben qué hacer para que sus hijos abandonen algunos malos hábitos como morderse las uñas, chuparse los dedos, enrollarse los pelos en el dedo, hurgarse la nariz. Y muchos de ellos tienen razón en preocuparse ya que algunas costumbres que se inician en la infancia, pueden conservarse hasta la edad adulta. Además, detrás de cada mal hábito existe algo que lo justifica. Es decir que el mal hábito puede ser apenas una forma que el niño tenga de expresar algo que le esté molestando. Es necesario estar atento y, siempre que sea posible, se debe cortarlo malo de raíz, pero sin agobios ni ansiedades. Con paciencia, determinación y mucho cariño, todo se soluciona para el bien de los niños. No todas las manías o actos repetitivos son motivo de preocupación.
Muchos padres con niños que presentan estos problemas, no saben cómo tratarlos, ni por qué no pueden dejar estas costumbres, se sienten frustrados y agreden o castigan a sus hijos para que cambien sus malos hábitos. Generalmente, las padres que tienen estos niños caen en el enojo, sintiéndose desafiados por sus hijos. El resultado es siempre negativo, porque causan mas tensión y ansiedad en el niño o adolescente y aumenta la manía.
Para tratar el problema es preciso indagar las razones que lo causan y en qué circunstancias se presentan. Dependen de la edad del niño, de las circunstancias y de la frecuencia con que aparezca el hábito. Cuando el hábito está recién empezando, es fácil detenerlo. Hay diversas maneras de lograrlo. Algunas acciones que podemos realizar los padres en casa son:
En General:
  1. Introducir buenos hábitos en la vida de los niño en la casa, porque muchas veces se adquiere por imitación.
  2. Conversar tranquilamente con el niño, oírlo y tratar de descubrir  cuándo y por qué se manifiesta ese comportamiento.
  3. Llevar un diario anotando las circunstancias en que se produce el mal hábito para detectar en que momento se presentan.
  4. Ponerse en el lugar del niño y no simplificar el problema.
  5. No darle demasiada importancia al asunto. No prestar atención, ni reforzar la conducta,  diciéndole que no lo haga.
  6. Evitar los gritos, manotazos o actos desesperados, porque no solucionan el problema.
  7. Cuando este con las manos en la boca, la nariz o el cabello, darle alguna actividad manual para realizar: alcanzar algo en ese momento, tenerlo pintando, dibujando, doblar servilletas, etc. para distraer su atención y evitar el hábito inadecuado.
  8. Masajear las manos del niño para relajarlo.
Para evitar que se coman las uñas:
  1. Explicarle al niño el impacto social que significa comerse las uñas, para que se de cuenta de lo antiestético que son las manos con uñas carcomidas y que es desagradable para quien lo ve.
  2. Explicarle que se hace daño y que sus deditos siempre están sangrando o mutilados.
  3. A las niñitas, se les puede pintar las uñas y hacerle notar lo bonitas que se ven para que intente no morderlas.
Para evitar que se chupen el dedo:
  1. Si el niño se duerme con el dedo en la boca, sustituir el hábito por otro: darle un muñequito u otro juguete que le guste al niño para dormir.
  2. Inducir al niño para que deje el hábito, explicándole que le va a malograr los dientes y que le van a salir “chuecos”.
  3. Si usa chupón, el mismo niño debe depositarlo en algún lugar determinado y pedirlo solo cuando cree que lo necesita.
Para evitar que se meta el dedo en la nariz
  1. Explicarle que es feo meterse los dedos en la nariz y comerse el moco que se quita.
  2. Si el niño persiste en comerse el moco de la nariz, puede decirle que los mocos son "caquitas" de la nariz y por eso no deben ser llevados a la boca. 
  3. Enseñarle a que se limpie la nariz con un pañuelo.
  4. Comprarle pañuelos de papel de su color favorito y pídale que en lugar de poner el dedo directamente en la nariz, que se suene la nariz en el pañuelo.
Para evitar que se jale el cabello
  1. Proponerle que use el pelo mas corto o se haga una colita.
  2. Comprarle un nuevo gorrito o un sombrero.
 
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
La mayoría de los hábitos son benignos y no requieren la intervención de un profesional. No obstante, si el hábito afecta el funcionamiento social o físico del niño, o si éste persiste incluso después de que haya probado las técnicas anteriores, el comportamiento puede deberse a una causa emocional o física más seria. En estas situaciones debería consultar al pediatra o a un profesional de salud mental.
Si se agudiza el problema es necesario asistir a una entrevista psicológica, para descubrir cómo y en qué circunstancias aparece esta costumbre. Así se puede llegar a la raíz del problema y entender el funcionamiento mental de la persona frente a distintas circunstancias. En el caso de los niños, es el más adecuado, ya que ayuda a que sus padres y él mismo puedan entenderse y llegar a una solución juntos.
 
 
Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser
12 Julio 2016 In Segunda Infancia
Para estar sanos, los niños necesitan alimentos nutritivos y actividad regular, es así que los adultos debemos educarlos en ello, para mejorar su nutrición y así formar buenos hábitos alimenticios. Educar al niño a que tenga hábitos alimenticios lo  ayudará a que tenga no sólo un favorable desarrollo físico, sino cognitivo y sobretodo emocional.
 
Para lograrlo se le sugiere algunas estrategias:
 
  • Establecer horarios regulares para la comida en familia. Esto permitirá que conozcan su propio cuerpo y regular el sistema de hambre-saciedad. Los horarios regulares evitan la necesitad de ingerir alimentos en horarios fuera de las comidas. Además será un momento para establecer comunicación entre los miembros de la familia. Es importante, determinar un lugar específico para comer.
  • Servir una variedad de alimentos y refrigerios saludables e introducir alimentos nuevos gradualmente. Debemos  fomentar el consumo de frutas, verduras, proteínas y consumo de agua; y evitar el consumo de grasas saturadas o bebidas dulces.
  • Darle un buen ejemplo siguiendo una dieta nutritiva. Los niños aprenden por imitación, es por eso que la mejor manera de estimularlos es dándoles un buen ejemplo. Así que debemos mostrar una actitud positiva ante las comidas.
  • Evitar las peleas por la comida. Durante la comida, es importante propiciar un clima adecuado. No se debe castigar o premiar al niño con comida, pues se le otorgaría un valor emocional que a largo plazo dañaría su relación con ella. Uno de los objetivos es que el niño asocie su alimentación con bienestar, confianza y diversión. 
  • Involucrar a los niños en el proceso. Los niños disfrutan desde la compra de los víveres para la semana, hasta los procesos para prepararlos y servirlos; muchas veces se muestran más entusiastas para comer o probar los platillos si participan en su elaboración. 
 
 
Lic. Karla Quinteros Urbano
Psicóloga. Especialista en Estimulación Temprana
09 Enero 2016 In Primaria

Cuando los adultos nos preocupamos en guiar y enseñar a los niños: lo que tienen que  hacer, el modo de llevarlo a cabo y el porqué de su actuación, los estamos ayudando a que desarrollen un buen comportamiento.

La aplicación de las normas en las tareas cotidianas del día a día (sueño, higiene, alimentación, etc.) ayuda a los niños a estructurar el día, orientando su “quehacer diario” y favoreciendo su  independencia.

Ejemplo:

  • De 0 a 1 año: No existen normas explícitas.
  • De 2 a 3 años: Norma: alimentación, sueño, higiene.
  • De 3 a 6 años: Normas básicas. 

¿Cómo se forman los hábitos en los niños?

Para que un niño aprenda un hábito necesita:

  1. Observar la conducta de otras personas, especialmente de su padre o de su madre.
  2. Imitar conductas.
  3. Conocer cuál es su función; para qué sirve o hacer determinada cosa.
  4. Que la actitud de los padres sea de constante apoyo con relación a él. Ser responsable de hacer solo las cosas y asuma las consecuencias de no hacerlo o hacerlo equivocadamente

Por ejemplo: para que el niño adquiera el hábito de lavarse las manos antes de comer, se pueden seguir los siguientes pasos:

  • Debe observar que nos lavamos las manos antes de comer.
  • Ayudarlo a lavarse las manos.
  • Explicarle que debemos lavarnos las manos para que estén limpias y, así evitar las enfermedades.
  • Decirle que no se le va a permitir comer si no se ha lavado las manos. Recordarle durante varios días que debe lavarse las manos antes de comer.
  • Elogiarlo cuando se lave las manos.
  • Cuando no se lava las manos antes de comer, podemos retirarle el plato de la mesa y explicarle que es una consecuencia de no haberse lavado las manos, ya que no queremos que se enferme por comer con las manos sucias.

Es decir, se debe explicar la importancia de realizar la actividad y las consecuencias negativas para él mismo. Esta explicación deber ser real y concreta, sin exageraciones (gritos o castigos físicos), ya que sólo seguirá la norma por temor. Piense que el niño logrará adquirir el hábito poco a poco y cada vez necesitará menos apoyo para realizarlo.

La mayoría de los hábitos, como levantarse temprano para ir  la escuela, guardar las cosas en su lugar, hacer la tarea, etc., se establecen siguiendo estos pasos. La constancia es la clave para hacer que el niño integre el hábito a sus actividades diarias. Muchas veces, para que se establezca un hábito, pasan varios meses o años, pero una vez logrado, formará parte de la rutina y el niño lo hará sin problemas.

Las normas favorecen el establecimiento de hábitos y, más adelante límites, para ello  deben presentar las siguientes características:

  • Las instrucciones  deben  ser claras y bien definidas,  para que el niño sepa  qué se espera de él.
  • Deben  ser adecuadas  a  la  edad  y  capacidad del niño.
  • Deben  ser  mínimas  y en orden sistemático.
  • Las  normas deben ser conocidas por todos y cumplidas  por toda  la familia.
  • Las consecuencias deben ser naturales  y lógicas, reales  e inmediatas.
  • Ambos  padres deben estar de acuerdo  con la norma establecida.  El desacuerdo debe ser discutido  sin la presencia  del niño.
  • La autoridad  debe  ser  de ambos padres.
  • Deben  basarse en el afecto, comprensión y la tolerancia.

¿Cómo establecer las normas?

Debemos empezar por 3 ó 4 normas, e incluso menos aún cuando se trate de los más pequeños. Ejemplos de posibles normas:

  • Normas básicas: para la alimentación, sueño, higiene, etc.
  • Normas para horarios: comer, tareas escolares, para irse a la cama, tiempo de juego, etc.              
  • Normas para la convivencia: para la relación social, el respeto, de comportamiento, de valores, etc.
  • Normas para el cumplimiento de tareas: escolares y del hogar.

El cumplimiento de las normas debe ser de forma continuada y sin que se manifiesten contradicciones entre los padres.

Tener en cuenta que las características personales, habilidades, posibilidades, gustos de cada niño; las tendremos presentes a la hora de establecer las normas. Ejemplo: Si a Juana le apasiona jugar con su hermana, es conveniente que al hacer su horario, tengamos en cuenta este tiempo de juego.

Las normas deben ser claras y fáciles, para ello tendremos en cuenta:

  • Las normas son claras, cuando en ellas se especifica lo que debe hacerse; el cómo debe y cuáles son las consecuencias positivas o negativas.
  • Las normas son fáciles, cuando le son explicadas en términos simples y sencillos, adaptadas a su edad,  comprobando que han sido entendidas.

No debemos olvidar que somos ejemplo para ellos: Cuando una norma es común para todos y un miembro de la familia la incumple, dicha norma perderá su eficacia. Por ejemplo, si la  norma es no poner los pies en la mesa y el padre lo hace.

Las normas serán eficaces: Cuando exista un procedimiento que las haga cumplir y verifique su cumplimiento.  

¿Cómo enseñar pautas de disciplina?

Estas son algunas actividades que pueden ser establecidas en niños menores de 3 años:

  • Vestirse solo

Organizar competencias a manera de juego entre el niño y papá o mamá. Por ejemplo, invitar al niño a que se ponga la ropa interior más rápido que el padre/madre y felicitarlo por el intento o logro, de acuerdo a su edad.

  • Dormir solo

Ponerle la ropa de dormir o ayudarlo a ponérsela, lavarle los dientes, leerle un cuento, acostarlo en la cama, despedirse con un beso, un abrazo y marcharse de su habitación.

  • Alimentarse

Debe tener un horario establecido para la hora de sus comidas. Se deben presentar los alimentos atractivos y apetitosos. Ponerle un  individual, sus cubiertos y utilizar un plato adicional  para hacerlo comer. Que el niño coma lo que su organismo necesita, de acuerdo a su peso, talla y edad, y felicitarle.

  • Guardar sus juguetes

Al inicio debemos enseñarle a guardar los juguetes en su lugar. Luego cada vez que guarde sus juguetes inmediatamente ponerle una estrella en un almanaque. Al acumular 5 estrellas brindarle algún privilegio que al niño le guste, por ejemplo: un helado.

 

Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser

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