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19 Octubre 2017 In Segunda Infancia

Todos los padres debemos tener claro que la crianza positiva fomenta la relación entre padres e hijos basada en el respeto mutuo, para que los niños se desarrollen en forma adecuada y que aprendan a relacionarse de manera constructiva y no violenta. Algo que los padres debemos realizar es establecer normas claras, escuchar lo que los hijos proponen y trabajar de manera conjunta. Esta crianza propone a los padres que sus hijos son individuos con derechos que se deben respetar.

Los padres siembre debemos recordar que la crianza positiva es un estilo de vida, con creencias que impliquen el respeto por la familia y sobre todo olvidar la disciplina negativa.

La crianza positiva ayuda a los hijos a sentirse personas importantes y valiosas, que traiga como consecuencias el que se conviertan en seres felices, maduros, respetuosos, con habilidades y capacidades para resolver conflictos, seres humanos colaboradores y responsables.

Criterios que deben tener los padres para establecer la disciplina positiva: 

  1. No compararlos con otros niños.
  2. Cuidarlos con amor.
  3. Establecer normas en el hogar.
  4. Hablar de forma positiva.
  5. Evitar sobreproteger a los niños.
  6. Mostrarle ejemplos.
  7. Establecer diálogos.
  8. Guiar para que aprenda a tomar decisiones.

¿Qué hacer?

  1. Ser un buen ejemplo para sus hijos: Todos los niños necesitan ser testigos del comportamiento de sus padres, que sean amables, respetuosos y cariñosos; esto les permitirá adquirir conductas adecuadas.
  2. Entender las características individuales de su hijo: cada niño es diferente, tiene características personales y es necesario que los padres los observen debido a que tienen que comportarse diferente si uno de los hijos es muy activo y conversador, y el otro es más tranquilo y reservado.
  3. Pensar en las necesidades individuales detrás de su comportamiento: Si su hijo está  muy activo, saltando y tirándose al suelo, puede pensar que necesita energía física más intensa, quiere llamar la atención o esta aburrido. Indique las sugerencias de acuerdo a lo observado, si es por gran intensidad física, llévelo al parque, a correr o montar su triciclo; si quiere llamar su atención, pregúntele que desea hacer con él, tal vez pintar o dibujar y si esta aburrido, busque algo que lo entretenga, cuéntele un cuento o pónganse a bailar.
  4. Ayudar a expresar sus sentimientos. Es necesario que los niños aprendan a manifestar sus sentimientos, a decir si están molestos o fastidiados, si están contentos o si se encuentran tristes. A partir de ahí, establezca que pueden hacer y eso facilitara su nivel de comunicar sus emociones a los padres.
  5. Comprender el comportamiento en vez de juzgarlo, es importante que los padres nos demos cuenta ¿Por qué y para qué reaccionan así? Es necesario preguntarle lo ocurrido para entender y comprender su comportamiento. Recuerde hacerlo de manera positiva y afectiva.
  6. Comunicarse con los hijos: Debemos hablar con ellos para saber lo que siente, piensa, experimenta para saber sus reacciones. No lo juzgues y tomen decisiones sobre sus resultados.
  7. Ser empáticos, permite entender sus pensamientos y emociones y ponerse en su situación.
  8. Reconducir el comportamiento inadecuado con respeto, utilizando un tono firme pero afectuoso, sin gritar, ni pegar, explicando que su conducta es inadecuada y estableciendo claramente lo que esperas que se realice. 
  9. Colaborar mutuamente, permite que los hijos aprendan que pueden expresar sus ideas y opiniones, manifestando tareas y responsabilidades de acuerdo a su edad que le permitan desarrollar sus competencias básicas. 
  10. Establecer acuerdos que generen disposición en los hijos para cumplir las reglas establecidas, dándoles la posibilidad que manifiesten sus opiniones y negocien en el proceso, lo que enseña a tomar decisiones futuras.

 

Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser

08 Marzo 2016 In Primaria
No existen dos personas que sean idénticas, debido a que la personalidad difiere de una persona a otra, inclusive dentro de hermanos gemelos criados en una misma familia, debido a que si bien han sido criados dentro del mismo núcleo familiar y con los mismos parámetros y valores, tienen características diferentes con relación a su temperamento y carácter.
Entonces ¿Qué es temperamento? ¿Qué es carácter? y ¿Qué es personalidad? Con frecuencia estos tres términos son utilizados como si fueran sinónimos, sin embargo su significado es diferente.
El temperamento, está condicionado por lo biológico, es  la carga genética heredada por nuestros padres. El carácter, es el conjunto de hábitos y normas de comportamiento que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestro aprendizaje, está condicionado por los modelos que hemos tenido. Aquí influye directamente el entorno social y el medio ambiente donde se cría el niño. La combinación  de estos dos elementos forman nuestra personalidad.
Desde que el niño nace, los padres podemos observar su temperamento, hay niños muy demandantes y exigentes que lloran intensamente desde el nacimiento y otros muy tranquilos y pasivos, que casi nunca molestan. Las conductas que desarrollen posteriormente van a depender directamente de los modelos que establezcan los padres y de las características individuales de cada niño.
Existen algunos rasgos básicos que los padres pueden observar para determinar el temperamento de su hijo y poder establecer normas de conducta, porque lo que funciona para un niño no necesariamente funciona para otro y los padres debemos ajustarnos a eso.
  1. Nivel de actividad
    1. Si es activo y continuamente busca realizar actividades motrices
    2. Si es tranquilo y busca realizar actividades sedentarias.
  2. Regularidad de las funciones biológicas
    1. Hay niños muy regulares que facilitan la organización y estructura de las actividades diarias.
    2. Los que son irregulares y tienen dificultades para dormir, comer, entre otros.
  3. Nivel de adaptabilidad
    1. Los que se adaptan fácilmente a los cambios. La facilidad que tienen algunos niños para aceptar nuevas personas y nuevos lugares.
    2. Los que les cuesta adaptarse, son rutinarios y salir de la rutina los desorganiza. Aquellos que les cuesta aceptar situaciones y personas nuevas.
  4. Emotividad: Es  la intensidad de reacción ante las situaciones
    1. Los que reaccionan intensamente y cuyos estallidos son muy teatrales y exagerados.
    2. Aquellos que reaccionan más suavemente o que no expresan sus sentimientos.
  5. Atención y distractibilidad
    1. Los que cambian de actividad con mucha rapidez y necesitan acompañamiento en sus actividades. Tienen alto nivel de distractibilidad.
    2. Aquellos más atentos, persistentes y que tienen mayor autonomía al realizar las actividades. Pueden mantenerse concentrados por espacios más largos.
  6. Sociabilidad
    1. Los niños muy sociables, que se relacionan fácilmente con los otros.
    2. Los niños poco sociables, primero observan.
  7. Sensibilidad sensorial
    1. Los niños muy sensibles a sabores, olores, texturas, temperaturas, ruidos, luces, etc.
    2. Los que tienen bajo nivel de sensibilidad, tienen alto nivel de tolerancia al dolor y se quejan con poca frecuencia.
  8. Humor
    1. En los que prima la alegría.
    2. En los que predomina el mal humor, renegonos.
    3. Los serios.
Lo importantes, es que los padres debemos preocuparnos por brindar a nuestros hijos un soporte familiar adecuado, es decir dar apoyo físico, económico y emocional.  El soporte físico les brinda alimentación y vivienda; el económico provee los medios necesarios para brindarle educación y salud; y el soporte emocional le procura al niño un ambiente familiar armónico, con normas coherentes y consistentes, con reglas que den seguridad al niño y que le permitan saber que sus padres siempre estarán para apoyarlo.
Debemos señalar que el principal factor para fortalecer la personalidad es la TOLERANCIA A LA FRUSTRACION. Los hijos deben aprender que no pueden recibir gratificaciones inmediatas, deben aprender a esperar y a tolerar una negativa, para poder hacerse responsables de sus conductas.
Es por eso, que fortalecer la personalidad  de los niños debe basarse en una crianza familiar que incluya afecto y comunicación, mediada por normas claras y coherentes.
¿Qué podemos hacer?
  1. Establecer una relación cordial y amorosa: si tratamos a nuestros hijos con cariño y los escuchamos, ellos harán lo mismo.
  2. Tratar a los hijos con dignidad y respeto: si nosotros no los respetamos, ellos no aprenderán a respetar a los demás, esto incluye disculparnos cuando nos equivocamos, no gritarlos, ni agredirlos físicamente.
  3. Escucha activa: Escucharlos atentamente, siguiendo lo que nos dicen, así nuestros  hijos aprenderán cómo escuchar con empatía, poniéndose  en el lugar del otro.
  4. Hacer preguntas que lo inviten a la reflexión: ¿Qué piensas respecto a esto? ¿Cómo vas a solucionarlo?¿crees que fue correcto actuar de esa manera?
  5. No los etiquetes: La conducta no define la personalidad de tu hijo, los niños no son “malcriados o desobedientes”, sino que comenten errores.
  6. Dale opciones limitadas: esto les dará la sensación de que pueden elegir y así estarán más dispuesto a colaborar.
  7. Sé un buen ejemplo: Si deseas que tu hijo aprenda a autocontrolarse, tu mismo practica el autocontrol
  8. Involucra a tus hijos en las soluciones familiares: Pide su opinión en algunas decisiones familiares, esto le dará sentido de pertenencia y lo motivara a asumir sus responsabilidades.
  9. Enséñales a expresar sus emociones de manera asertiva: enséñele un vocabulario básico de emociones.
  10. Deles mensajes de amor: Nuestros hijos deben sentir que los amamos a pesar de todos los errores y faltas que puedan cometer y que siempre estaremos ahí para ayudarlos.
  11. Anímalos a arriesgarse: evite darles recompensas, premio o elogios desmedidos por realizar alguna actividad nueva, el hacerlas les permite adquirir autoconfianza y si todo el tiempo necesitan refuerzo pueden hacerse dependientes a ello.
  12. Dele muestras físicas de afecto: abrazos, caricias.
  13. Dar cantidad y calidad de tiempo, los niños necesitan ambas.
  14. Establecer disciplina positiva: la disciplina no es sinónimo de castigo sino es educar haciendo que los niños entiendan las consecuencias de sus actos
Finalmente, podemos afirmar que la base para el desarrollo de una  personalidad  saludable depende de las características individuales, del medio que nos rodea y sobre todo de la crianza familiar.
 
Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser

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18 Agosto 2015 In Segunda Infancia

Con frecuencia nos encontramos con situaciones similares:

“Papi, ¡quiero esto! ¡…y esto …y esto otro!”. “De acuerdo, para tu cumpleaños o para Navidad te voy a comprar lo que quieras”... Y día a día sigue aumentando la lista de regalos, juguetes y peticiones.

“Mamá, ¿me compras esto?” “Esta bien, pero es lo último que te compro” ... Y al día siguiente nos vuelve a pedir.

Con frecuencia el niño o la niña tiene muchísimos juguetes pero quiere uno nuevo. Los padres le han dicho mil veces que no le compraran pero sigue pidiendo más y más cosas alegando que lo necesita o que sus amigos tienen uno igual. Y los padres siguen comprando... y si no lo hacen se enoja, llora, grita o se tira al piso.

Estas escenas son la realidad de muchos padres que quieren satisfacer a sus hijos para que no continúen pidiendo o porque piensan que deben darles todo lo que solicitan, pero la experiencia demuestra que el niño no va a dejar de pedir sino que los padres están reforzando códigos de conducta inadecuados.

El niño es un ser demandante. Desde que nace está pidiendo: pide comida, que se le cambie el pañal, que se le atienda, conforme va creciendo seguirá demandando más allá de sus necesidades reales y de lo que se puede y debe satisfacerlo. Por eso resulta infructuoso tratar de complacerlo comprándole todo lo que pida, ya que creará nuevas necesidades y siempre querrá más.

La obsesión de los niños por adquirir cosas puede resultar realmente terrible, sin embargo la mayoría de profesionales coinciden en que esta conducta, común en la mayoría de los niños a partir de los 2 años, es consecuencia de dos factores de desarrollo positivos: El primero, su imaginación está floreciendo y los hace más vulnerables a la publicidad. Si ve un niño jugando con un cohete en televisión, no tardará en imaginarse lo bien que lo pasaría con ese juguete si lo tuviera. El segundo factor, el niño está comenzando a socializarse y cuando se reúne con otros niños para jugar, comparará inevitablemente juguetes, ropa y cualquier cosa que posea con el resto de compañeros y es lógico suponer que después pedirá que le compren lo mismo a él.

Lo que debemos tener claro es que en un periodo de la vida, entre los 2 y 3 años es frecuente que aparezcan en el niño algunos conductas inadecuadas llamadas comúnmente “berrinches”, donde les gusta mandar o salirse con la suya, pero cuando la conducta se mantiene en el tiempo y se convierte en una forma habitual de conseguir lo que quiere y de interactuar con el ambiente que lo rodea, entonces hemos perdido el control. No debemos permitir que esta conducta se convierta en una forma segura y efectiva de obtener lo que el niño desea. Es necesario que aprenda desde el principio que no se puede obtener todo lo que uno quiere.

Los padres son un factor determinante para la persistencia de esta conducta inadecuada de pedir continuamente, ya que son el modelo directo, el primer ejemplo y el referente seguro que tienen. Aunque la publicidad, la televisión y los valores sociales predominantes también influyen en ellos, inundándolos con mensajes atrayentes, ejerciendo sobre ellos gran presión social desde temprana edad y provocando la sensación de que esos modelos egoístas, caprichosos y materialistas que suelen ver en los programas de televisión son la forma más rápida y efectiva de conseguir lo que desean.

Ceder ante las exigencias de los niños puede ser muy tentador. Con frecuencia los padres llevados por el cansancio, los sentimientos de culpa o la falta de paciencia satisfacen a sus hijos en la creencia de “ya tendrá tiempo para aprender”, pero quizás cuando llegue ese “tiempo” ya sea tarde. Con frecuencia los padres permisivos que desean que sus hijos se sientan libres y que tengan todo lo que ellos no tuvieron, ceden ante ellos, fijándoles muy pocas reglas y aquellas pocas que establecen generalmente no las hacen cumplir de manera uniforme.

Pero el remedio está en la prevención. Desde que nacen, los niños están en un continuo proceso de aprendizaje, por lo tanto es conveniente educar desde el principio, dando ejemplo coherente, consistente, constante y oportuno. Los padres deben aprender a decir no sin sentirse culpables por ello. Es necesario enseñarles que no todo se puede conseguir simplemente con pedirlo, aunque económicamente estemos en condiciones de proporcionarlo y mucho menos haciéndolo de forma inadecuada (llorando, gritando, etc.), ya que esto disminuye su capacidad de tolerancia a la frustración.

Errores frecuentes que cometemos los padres:

1. Comprar solo lo que anuncian en televisión: Los niños piden solo aquello que conocen, si los llevan a visitar varias tiendas para apreciar las posibilidades que existen, lo más probable es que encuentren algo de acuerdo a sus intereses y necesidades, que no sea necesariamente lo que vieron en la televisión.

2. Comprar siempre lo que pide sin evaluar si el niño realmente lo necesita: Muchas veces los padres compramos solo porque nuestro hijo lo quiere o sus amigos tienen lo mismo, pero al poco tiempo lo abandona. Lo más probable es que nuestro hijo haya aprendido a querer tener todo excepto lo que ya posee. Frases como “¡que buen carro tiene mi jefe¡ ¡Quién pudiera tener esa casa!, ¡si pudiese me compraría esos zapatos!, ¡Que ropa más bonita, la compraría toda! sirven de modelo a seguir por nuestros hijos, ellos imitan el comportamiento de los adultos que los rodean.

3. Comprar todo lo que piden sin importar lo que cueste, generalmente lo más caro: Un regalo no tiene porqué ser costoso, también puede ser gratis, lo que debemos es enseñarles que lo importante es compartir tiempo juntos: Ir a la playa o a caminar, leer, jugar, salir al parque a montar bicicleta, ir a comer un helado. También podemos regalar cosas necesarias para la vida diaria como prendas de vestir y útiles escolares. El problema es que acostumbramos a nuestros hijos a regalarles solo objetos costosos y luego nos quejamos que para ellos pasear o ir a la playa no es un regalo.

4. Comprar y creer que el regalo es una demostración de amor y afecto. Si les enseñamos que sinónimo de cariño es un regalo material, siempre estarán pidiendo cosas como muestra de afecto y siempre darán cosas materiales en señal de amor, pero no aprenderán que el cariño se demuestra con tiempo y dedicación.

5. Comprar como un acto impulsivo: A veces los juguetes sólo le hacen ilusión el primer día, luego no los vuelve a utilizar, eso ocurre porque los adultos compramos cosas de forma impulsiva, cosas que nos hacen ilusión a nosotros y luego nos damos cuenta que fue un gasto innecesario porque nuestro hijo ni lo desea ni lo necesita.

6. Comprar animales de compañía si no se va a hacer responsable de ellos: Los niños con frecuencia quieren un perro o un gato sin evaluar quien se encargara del animal pasada la primera ilusión y las responsabilidades que acarrean el tener un ser vivo dentro del hogar.

7. Comprar juegos que generen aislamiento: en vez de fomentar actividades donde comparta con otros niños y adultos y que desarrolle las relaciones interpersonales.

Los niños con frecuencia no saben lo que necesitan, pero con nuestra ayuda pueden lograrlo, de nosotros depende educarlo en valores como la generosidad, la sinceridad y la comprensión en vez de darle prioridad solo a la estética y lo material.

¿Qué podemos hacer?

1. Evaluar que juguetes tiene nuestro hijo y comprar lo que realmente necesita. Si esta pidiendo un carro y ya tiene 20 carros, no necesita ninguno más, pero a lo mejor no tiene ningún avión ni ningún tren, entonces podría ser conveniente adquirir uno para desarrollar su imaginación con otro tipo de juegos.

2. Compre regalos cuando sea necesario, sin haberlo ofrecido y sin que su hijo se lo pida, puede ser para premiar una conducta que Ud. aprueba. Por ejemplo, tiene dos hijos, que están haciendo un esfuerzo por pelear menos, entonces puede comprarles como regalo un domino para que jueguen juntos.

3. Cuando se acerque una fecha indicada (cumpleaños, navidad) donde le va a comprar algo, llévelo a buscar algo que realmente necesite, que sea adecuado para su edad y que estimule su creatividad e individualidad.

4. Compre juegos que fomenten la interacción social, es decir juegos grupales que podamos compartir con nuestros hijos, para los más pequeños, de 2 a 5 años, son recomendables juegos como: domino de figuras, memoria, ludo, palitos chinos. Para los mas grandes de 6 a 9 años, juegos de mesa como: casinos, damas, ajedrez, juegos de estrategias entre otros.

5. Al comprar un juguete, piense si realmente le gustaría a su hijo y si corresponde a sus características personales. Por ejemplo, a lo mejor nosotros soñamos con la bicicleta último modelo, pero a nuestro hijo le gusta pintar o dibujar, entonces es mejor comprar un gran set de pintura con temperas y acuarelas que nuestro hijo realmente va a disfrutar.

6. Enséñele que pueden hacer cosas juntos sin comprar cosas materiales, con frecuencia cada vez que los padres salen a la calle terminan comprando algún juguete al niño, si vamos a regalarles algo valioso que sea “nuestro tiempo”.

7. Cuando van a salir a la calle, explicarle que no van a comprar ningún regalo y que aunque llore o grite igual no se lo van a comprar.

¿Qué consecuencias puede tener el comprar siempre todo lo que nuestros hijos nos piden?

1. Se vuelven exigentes, caprichosos, quieren imponer sus deseos, hacen berrinches o pataletas cuando los padres no acceden a comprarles lo que piden.

2. Tiranizan a sus padres, los “chantajean” emocionalmente haciéndolos sentir culpables por no comprarles lo que desean.

3. Son desordenados con sus juguetes. los dejan tirados, los destruyen, los abandonan o los dejan olvidados sin importarles que ocurra con ellos, esperando que sea el adulto quien se responsabilice del juguete.

4. No comprenden el valor económico real del juguete, que demanda un esfuerzo el adquirirlo y que se ha comprado gracias a que los padres trabajan y que también por eso debe ser cuidado.

5. No se centran en un juguete, tienen tantos, que revolotean de uno en uno, cogen un juguete luego lo dejan sin guardar ni terminar de jugar con él para coger otro.

6. Tienen bajo nivel de tolerancia a la frustración, si no les dan lo que ellos quieren en el momento en que lo solicitan se enojan desproporcionadamente.

7. No aprenden a esperar, si el juguete no funciona como ellos quieren se encolerizan al extremo de lanzarlo, golpearlo y finalmente dañarlo.

 

Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
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