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27 Abril 2017 In Segunda Infancia
La inteligencia naturalista fue establecida por Howard Gardner y se encuentra caracterizada por la fascinación ante el mundo natural, la sensibilidad para identificar y entender el paisaje  e incluso un sistema de éxtasis ante el espectáculo no creado por el ser humano.
Esta inteligencia presenta sentimientos con la naturaleza, los animales y las personas, donde se describe esencialmente la capacidad para percibir las relaciones entre las especies, con los objetos y con las personas, reconociendo las posibles diferencias o semejanzas entre ellos. Se especializa en identificar, discernir, observar y clasificar miembros de grupos o especies de la flora y fauna, siendo el campo de observación y uso eficiente del mundo natural.
Actualmente dentro de la inteligencia naturalista se puede explorar el hogar, la escuela, el jardín o el parque cercano y donde todo a su alrededor pueda ser considerado un enorme museo planteando:
  1. Inculcar el ser coleccionistas de hojas, insectos, piedras, estampillas, monedas.
  2. Impulsar la investigación planteando la actividad como una aventura de un investigador al estilo de Sherlock Holmes.
  3. Fomentar la observación, utilizando en ocasiones la vista o por el contrario vendando los ojos y estimulando el oído, el tacto, el olfato y el gusto.
  4. Realizar caminatas a ciegas: pueden hacerse en el jardín, en el patio, en el parque o en un día de campo, y comentar luego las sensaciones.
  5. Generar estrategias de observación para no intervenir en el curso natural de las plantas y los animales: como utilizar una lupa, una cámara, tomar fotos, consultar páginas de vistas virtuales, hacer uso de los microscopios infantiles, etc.
Dentro de la inteligencia naturalista se propone desarrollar habilidades como: relatar, demostrar, discriminar, coleccionar, analizar, cuidar, seleccionar, plantear hipótesis, clasificar, revisar, organizar, categorizar, trabajar con plantas, entender el comportamiento y necesidades de los animales, conocer la fuerza y energía de la vida, entre otros.
 
Actividades realizadas para desarrollar la inteligencia naturalista en general:
 
  1. Diseñar o conducir un experimento.
  2. Categorizar, clasificar y jerarquizar unos hechos.
  3. Representar un proceso.
  4. Realizar predicciones.
  5. Seleccionar y utilizar la tecnología.
  6. Generar actitudes positivas para la protección del medio ambiente.
Propuestas específicas para la segunda infancia:
 
  1. Acompañar el trayecto de las hormigas.
  2. Realizar un huerto colectivo.
  3. Realizar experimentos con el agua.
  4. Asociar plantas y frutos a cada estación del año.
  5. Cuidar animales.
  6. Realizar paseos de aprendizaje donde conozca: árboles, plantas, lugares, formación del terreno, etc.
Debemos tener claro que el desarrollo de la inteligencia naturalista se puede trabajar en todas las áreas y no identificarlas como una asignatura, sino como una actividad permanente.
 
Prácticas para la segunda infancia en la inteligencia naturalista
 
Es muy importante que desde el nivel pre escolar se refuercen los lazos de amor por la naturaleza, pues así tendremos futuros defensores de nuestro medio ambiente y no consumidores. Debemos aprovechar que los niños conserven una tendencia biológica e instintiva a establecer un vínculo con el mundo natural donde encuentran una serie de cualidades únicas.
Desarrollar sentimientos de ternura y protección. Igualmente enseñar que puedan sembrar plantas, cuidar el biohuerto y realizar la protección del medio ambiente.
Es más fácil que se relacionen con elementos de la naturaleza en forma lúdica, con canciones, cuentos, visitas al campo, etc. para lograr la atracción hacia todo lo que está vivo (biofilia):
En el hogar se pueden trabajar estas pequeñas actividades:
  1. Ir al parque, recoger hojas caídas y armar un álbum con ellas en casa.
  2. Ir a la playa, explorarla (animales, vegetación, geografía), jugar con arena y agua.
  3. Llevar a casa piedritas redondas y decorarlas con pintura.
  4. Visitar tiendas de mascotas para que el niño conozca los animales de cerca.
  5. Leer cuentos sobre animales o elementos de la naturaleza.
  6. Cantar imitando a los animales u otros elementos.
  7. Sembrar una planta en una maceta y cuidarla.
  8. Realizar una caminata a un lugar donde se pueda realizar una siembra de árboles o flores, esta actividad también puede ser realizada en lugares más cercanos como lo son el jardín de la casa o el parque más cercano.
  9. Para las personas que cuentan con mascotas en la casa, una buena actividad seria pasearlos en el parque.
  10. Acudir regularme a lugares con un ambiente muy natural como una finca por ejemplo, o realizar salidas a acampar, picnics etc.
  11. Después de elegir el lugar adecuado, caminar descalzo sobre la tierra o grama, abrazar los árboles, acostarse y observar el cielo, los animales etc. Integrarse de una manera muy literal con la naturaleza a su alrededor.
  12. Realizar actividades habituales como leer, pintar, estudiar, tocar guitarra o algún instrumento al aire libre.
  13. Explore un lugar con gran cantidad de naturaleza y follaje para que logre contacto directo. 
  14. Defina de acuerdo a sus emociones las siguientes palabras• lluvia: vegetación, animales, etc.

 

 

Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser

22 Junio 2016 In Primaria
Desde que nuestros hijos nacen, los padres estamos preocupados por su “inteligencia”. Pero que entendemos por inteligencia…que significa “ser inteligente”
 
La inteligencia es la capacidad que tenemos de entender, razonar, saber y de resolver problemas. Nos permite aprender, tomar decisiones y formarnos una idea determinada de la realidad. También puede entenderse como la habilidad o destreza para realizar algo.
 
En Psicología, la inteligencia está asociada a la capacidad cognitiva y al conjunto de funciones cognitivas como los procesos de memoria, asociación, razonamiento y pensamiento.
 
El término inteligencia proviene del latín intelligentia, que deriva de inteligere, que está compuesta de  dos términos: intus (“entre”) y legere (“escoger”). Entonces, el origen etimológico de inteligencia hace referencia a la capacidad que permite seleccionar alternativas óptimas para la resolución de un problema. Un individuo “sería inteligente” cuando es capaz de escoger la mejor opción entre las posibilidades que se le presentan a su alcance para resolver un problema.
 
Resing y Drenth (2007) definen la inteligencia como el conjunto de habilidades cognitivas o intelectuales necesarias para obtener conocimientos y utilizar esos conocimientos de forma correcta con el fin de resolver problemas que tengan un objetivo y una meta bien descritos.
 
La inteligencia es una cualidad que tenemos todos los seres humanos desde el nacimiento y que puede ser estimulada y desarrollada, por eso la estimulación temprana durante los primeros cinco años es importante porque habilita al individuo para hacer frente a los aprendizajes más elaborados de la escuela básica.
 
A través de muchas investigaciones se han elaborado diversos conceptos y mecanismos para medir la inteligencia, una de ellas es la teoría del cociente intelectual (CI), que evalúa las capacidades lógicas, matemáticas y lingüísticas de una persona. Las instituciones educativas la utilizan frecuentemente como método para valorar la capacidad intelectual de sus alumnos, sin embargo, el tener un alto CI no garantiza el que un alumno sea sobresaliente en la escuela, debido a que existen otros factores y habilidades que participan en el proceso de aprendizaje.
 
Es por ello que en 1983, Howard Gardner, propone una nueva alternativa para definir la inteligencia, como un grupo de capacidades específica autónomas pero interrelacionadas distinguiendo diferentes tipos de inteligencias: Lingüística, lógico-matemática, musical, espacial, personales (intrapersonal e interpersonal), cinestésico-corporal y naturalista, que abarca un espectro más amplio que el contemplado en las pruebas de CI. Para Gardner, la inteligencia es un potencial psicobiológico de procesamiento de la información que se puede activar en diferentes entornos (familiar, escolar, laboral, social, etc.) para resolver problemas o crear productos que tienen valor en esos lugares de referencia.
 
A partir de estas definiciones, es que la búsqueda de los padres debe ser el desarrollar en sus hijos una amplia gama de actividades, que les permita explorar todas sus capacidades; permitiendo detectar en forma oportuna dificultades a nivel de desarrollo y potencializar habilidades sobresalientes, donde se respete la individualidades y todos los niños puedan ser incluidos en el proceso enseñanza-aprendizaje y donde todos puedan poner en práctica las habilidades que tiene a pesar de sus diferencias.
 
Con este enfoque más importantes que nuestro hijo sea  “inteligente”, resulta fundamental el que pueda adquirir estrategias para resolver problemas “pequeños o grandes” que le van planteando los entornos donde se desenvuelve, primero la familia, luego la escuela y finalmente los ámbitos sociales y laborales.
 
 
Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser 
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