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02 Octubre 2017 In Primera Infancia
 
El apego es el vínculo que establece el recién nacido con un cuidador principal (normalmente la madre y el padre), pero si ellos no se encuentran, quien lo establece es la figura que cumple la función directa (abuelos, tíos, niñera). El apego tiene un lazo afectivo muy intenso que determina el desarrollo posterior de la personalidad del niño, su forma de relacionarse con los demás y con todo lo que le rodea. También influye en como se ve a sí mismo e inicia con la percepción de los adultos como fuentes de bienestar y seguridad.
 
Las primeras conductas de apego que se muestran son: llantos, sonrisas, vocalizaciones, contactos extensos e íntimos, vigilancia, seguimiento visual, gestos; que buscan aproximación, contacto y comunicación que le permitan construir modelos internos sobre las personas, él mismo y el mundo.
 
El factor principal en el desarrollo del apego son la madre y el hijo, donde contribuyen las características de la madre (personalidad, experiencias, conocimientos) y el trato que le dé a su hijo, donde influye el temperamento del niño (si es fácil o difícil, si llora mucho o poco, si duerme o no lo hace, si tiene problemas para alimentarse, etc.), ya que la conducta de la madre suele condicionarse por el tipo de temperamento de su hijo.
 
Debemos tener claro que el temperamento y la personalidad son dos aspectos diferentes, el temperamento es con lo que se nace y es de base biológica y genética; mientras que la personalidad son un conjunto de rasgos y cualidades relacionadas con los pensamientos, sentimientos, emociones, identidad, valores, etc. que se adquieren con las experiencias.
 
En la actualidad, a raíz de que el temperamento y la personalidad participan en el apego infantil, se propone trabajar bajo la función reflexiva o mentalización que es la capacidad de comprender e interpretar las conductas propias y de los otros como expresiones de estados mentales tales como sentimientos, fantasías, deseos, motivaciones, pensamientos y/o creencias.
El apego se desarrolla en cuatro fases básicas:
  • Etapa 1: Del nacimiento al segundo mes;  en este periodo, el recién nacido acepta a todas las personas que le ofrezcan comodidad.
  • Etapa 2: de los 2 a los 6 meses, en este periodo hay una respuesta social discriminada, prefiere a las personas de la familia que tengan contacto con él, no necesariamente los padres.
Estas dos primeras etapas son de la construcción del apego.
  • Etapa 3: de los 7 meses a los 30 meses; se desarrolla el apego específico, el niño manifiesta dolor y angustia ante las personas extrañas que buscan acercarse a él.
  • Etapa 4: de los 30 meses en adelante; asociación enfocada a una meta, ya no se entristecen si no están con el cuidador y logran conseguir metas compartidas.
Estas dos etapas, corresponden al apego propiamente dicho.
Existen dos tipos de apego:
  1. El apego seguro: los padres brindan expresiones frecuentes de afecto verbal y físico, responden a las necesidades del niño, se muestran consistentes y seguros. Las madres son receptivas y amables Responden adecuadamente a las señales emocionales. Los niños con este nivel de apego exploran tranquilamente y de forma activa, son afectuosos y cooperativos, buscan proximidad y contacto. El niño crece confiando en sí mismo y en los demás, siendo autónomo y con mejores competencias sociales
  2. El apego inseguro se divide en tres grupos: la madre de este nivel de apego presenta carencias en el cuidado de su hijo.
    1. Apego evitativo: Los padres suelen ser irresponsables, intolerantes con manifestación de rechazo por los niños. Son lentos para responder a las necesidades de su hijo y tienen poco contacto afectivo. Muchas veces consideran que todo lo que hace el niño está mal. El niño tiene poca ansiedad ante la separación de los padres y poco interés en el reencuentro. Evita el rechazo y el castigo, piensa que no lo quieren y que los molesta. Acepta consuelo y se muestra sociable con los extraños.
    2. Apego ambivalente: Los padres son cariñosos pero no logran entender al niño, suelen ser duros, egoístas y menos sensibles. Muchas veces se muestran quisquillosos, incoherentes, buscando su conveniencia por lo que no consiguen calmarlos cuando lo vuelven a ver. Los niños buscan estar cerca de la figura de apego y evitan alejarse de ellos. Sienten ansiedad por la separación y se muestran dependientes de figura de apego. Son extremadamente cautelosos con los extraños y difíciles de tranquilizarse incluso con la figura de referencia presente.
    3. Apego desorganizado: Hay padres que maltratan física y psicológicamente al niño. Suelen ser intrusivos, insensibles y abusivos. Los niños se muestran inseguros, desorientados, no se motivan a alcanzar las metas, se encuentran con mucho temor y angustia. Temen a la figura de apego, con frecuencia tienen problemas de conducta y agresividad.

 

Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser

08 Marzo 2016 In Primaria
No existen dos personas que sean idénticas, debido a que la personalidad difiere de una persona a otra, inclusive dentro de hermanos gemelos criados en una misma familia, debido a que si bien han sido criados dentro del mismo núcleo familiar y con los mismos parámetros y valores, tienen características diferentes con relación a su temperamento y carácter.
Entonces ¿Qué es temperamento? ¿Qué es carácter? y ¿Qué es personalidad? Con frecuencia estos tres términos son utilizados como si fueran sinónimos, sin embargo su significado es diferente.
El temperamento, está condicionado por lo biológico, es  la carga genética heredada por nuestros padres. El carácter, es el conjunto de hábitos y normas de comportamiento que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestro aprendizaje, está condicionado por los modelos que hemos tenido. Aquí influye directamente el entorno social y el medio ambiente donde se cría el niño. La combinación  de estos dos elementos forman nuestra personalidad.
Desde que el niño nace, los padres podemos observar su temperamento, hay niños muy demandantes y exigentes que lloran intensamente desde el nacimiento y otros muy tranquilos y pasivos, que casi nunca molestan. Las conductas que desarrollen posteriormente van a depender directamente de los modelos que establezcan los padres y de las características individuales de cada niño.
Existen algunos rasgos básicos que los padres pueden observar para determinar el temperamento de su hijo y poder establecer normas de conducta, porque lo que funciona para un niño no necesariamente funciona para otro y los padres debemos ajustarnos a eso.
  1. Nivel de actividad
    1. Si es activo y continuamente busca realizar actividades motrices
    2. Si es tranquilo y busca realizar actividades sedentarias.
  2. Regularidad de las funciones biológicas
    1. Hay niños muy regulares que facilitan la organización y estructura de las actividades diarias.
    2. Los que son irregulares y tienen dificultades para dormir, comer, entre otros.
  3. Nivel de adaptabilidad
    1. Los que se adaptan fácilmente a los cambios. La facilidad que tienen algunos niños para aceptar nuevas personas y nuevos lugares.
    2. Los que les cuesta adaptarse, son rutinarios y salir de la rutina los desorganiza. Aquellos que les cuesta aceptar situaciones y personas nuevas.
  4. Emotividad: Es  la intensidad de reacción ante las situaciones
    1. Los que reaccionan intensamente y cuyos estallidos son muy teatrales y exagerados.
    2. Aquellos que reaccionan más suavemente o que no expresan sus sentimientos.
  5. Atención y distractibilidad
    1. Los que cambian de actividad con mucha rapidez y necesitan acompañamiento en sus actividades. Tienen alto nivel de distractibilidad.
    2. Aquellos más atentos, persistentes y que tienen mayor autonomía al realizar las actividades. Pueden mantenerse concentrados por espacios más largos.
  6. Sociabilidad
    1. Los niños muy sociables, que se relacionan fácilmente con los otros.
    2. Los niños poco sociables, primero observan.
  7. Sensibilidad sensorial
    1. Los niños muy sensibles a sabores, olores, texturas, temperaturas, ruidos, luces, etc.
    2. Los que tienen bajo nivel de sensibilidad, tienen alto nivel de tolerancia al dolor y se quejan con poca frecuencia.
  8. Humor
    1. En los que prima la alegría.
    2. En los que predomina el mal humor, renegonos.
    3. Los serios.
Lo importantes, es que los padres debemos preocuparnos por brindar a nuestros hijos un soporte familiar adecuado, es decir dar apoyo físico, económico y emocional.  El soporte físico les brinda alimentación y vivienda; el económico provee los medios necesarios para brindarle educación y salud; y el soporte emocional le procura al niño un ambiente familiar armónico, con normas coherentes y consistentes, con reglas que den seguridad al niño y que le permitan saber que sus padres siempre estarán para apoyarlo.
Debemos señalar que el principal factor para fortalecer la personalidad es la TOLERANCIA A LA FRUSTRACION. Los hijos deben aprender que no pueden recibir gratificaciones inmediatas, deben aprender a esperar y a tolerar una negativa, para poder hacerse responsables de sus conductas.
Es por eso, que fortalecer la personalidad  de los niños debe basarse en una crianza familiar que incluya afecto y comunicación, mediada por normas claras y coherentes.
¿Qué podemos hacer?
  1. Establecer una relación cordial y amorosa: si tratamos a nuestros hijos con cariño y los escuchamos, ellos harán lo mismo.
  2. Tratar a los hijos con dignidad y respeto: si nosotros no los respetamos, ellos no aprenderán a respetar a los demás, esto incluye disculparnos cuando nos equivocamos, no gritarlos, ni agredirlos físicamente.
  3. Escucha activa: Escucharlos atentamente, siguiendo lo que nos dicen, así nuestros  hijos aprenderán cómo escuchar con empatía, poniéndose  en el lugar del otro.
  4. Hacer preguntas que lo inviten a la reflexión: ¿Qué piensas respecto a esto? ¿Cómo vas a solucionarlo?¿crees que fue correcto actuar de esa manera?
  5. No los etiquetes: La conducta no define la personalidad de tu hijo, los niños no son “malcriados o desobedientes”, sino que comenten errores.
  6. Dale opciones limitadas: esto les dará la sensación de que pueden elegir y así estarán más dispuesto a colaborar.
  7. Sé un buen ejemplo: Si deseas que tu hijo aprenda a autocontrolarse, tu mismo practica el autocontrol
  8. Involucra a tus hijos en las soluciones familiares: Pide su opinión en algunas decisiones familiares, esto le dará sentido de pertenencia y lo motivara a asumir sus responsabilidades.
  9. Enséñales a expresar sus emociones de manera asertiva: enséñele un vocabulario básico de emociones.
  10. Deles mensajes de amor: Nuestros hijos deben sentir que los amamos a pesar de todos los errores y faltas que puedan cometer y que siempre estaremos ahí para ayudarlos.
  11. Anímalos a arriesgarse: evite darles recompensas, premio o elogios desmedidos por realizar alguna actividad nueva, el hacerlas les permite adquirir autoconfianza y si todo el tiempo necesitan refuerzo pueden hacerse dependientes a ello.
  12. Dele muestras físicas de afecto: abrazos, caricias.
  13. Dar cantidad y calidad de tiempo, los niños necesitan ambas.
  14. Establecer disciplina positiva: la disciplina no es sinónimo de castigo sino es educar haciendo que los niños entiendan las consecuencias de sus actos
Finalmente, podemos afirmar que la base para el desarrollo de una  personalidad  saludable depende de las características individuales, del medio que nos rodea y sobre todo de la crianza familiar.
 
Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser

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