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17 Abril 2017 In Segunda Infancia

En nuestra realidad, muchas familias, contratan empleadas del hogar que laboran dentro de una familia con hijos menores de edad y en ese momento se convierten en niñeras. Lo que debemos tener claro es que las figuras de autoridad que establecen normas son los padres (madre y padre) y la niñera de pedir apoyo directamente a ellos. A raíz de esto el cuestionamiento de los padres siempre es: ¿Quién debe ser niñera? ¿Qué funciones debe cumplir? ¿Qué responsabilidades tendrá con sus hijos? ¿Qué pueden permitir y exigir?

Por esos cuestionamientos y por las personas que llegan al hogar a trabajar, los padres debemos tener claro que en muchas oportunidades las niñeras necesitan formación y entrenamiento para el cuidado del niño, estableciendo normas y límites dentro de la familia y formular conocimientos básicos. Debemos tener en cuenta algunos aspectos básicos para contratar una persona que será niñera y determinar qué características tiene para poder entrenarla en su cuidado:

  1. Mínimo deben  saber leer y escribir de manera que puedan revisar la información médica, escolar, higiene, entre otros. Si logra conseguir personas como auxiliares, técnicos o universitarios  es más eficiente.
  2. Tener conocimientos médicos básicos que les permita seguir las indicaciones y orientación pertinente en áreas de primeros auxilios, alimentación, higiene, prendas de vestir, juegos, tareas, etc. de acuerdo a los requerimientos del niño.
  3. Tener un desarrollo socioemocional que las relacione de forma afectiva con los niños y que pueda establecer vínculos con ellos.
  4. Tener una característica a nivel de personalidad y pensamiento que le de autonomía coherente para poder plantear soluciones a problemas con los niños de manera inmediata y de forma adecuada según lo establecido por la familia.
  5. Tener un desarrollo de lenguaje y motricidad corporal correcta.
  6. Ser participativa, práctica y observadora para realizar actividades lúdicas con los niños.
  7. Tener la capacidad de salir fuera del hogar con el niño para ir al parque, llevarlo a una clase, llevarlo al doctor entre otros.
  8. Ser capaz de cocinar de manera adecuada según las necesidades alimenticias de los niños.
  9. Ser eficiente en el lavado, planchado y limpieza del hogar teniendo en cuenta las características de los lugares del hogar donde se desenvuelve el niño.
  10. Ser muy cuidadosa con su higiene, alimentación, estado de salud, respeto por la familia, entre otros a nivel personal. No fumar ni tomar licor.
  11. Entender claramente el papel que le corresponde en la estructura familiar logrando aceptar las normas que le establece la familia, cumpliendo las funciones sobre el niño que determinaran los padres.
  12. Si tiene dificultad para poder establecer alguna norma con el niño comunicarse directamente con los padres para que la orienten en el proceso en que se debe dirigir.

Cada familia debe tener claro que muchas veces el personal que contrata no tiene todas estas características, pero es indispensable que determinemos cuales son indispensables para contratarlas y poder entrenarlas en el resto.
Funciones laborales con el niño:

0 a 1 año:

  1. Ser muy cuidadoso con la vestimenta, alimentación e higiene establecida por la familia.
  2. Leer y tener en cuenta claramente si tiene algún tratamiento médico para seguir las instrucciones establecidas por el doctor y la familia.
  3. Hablarles correctamente por su nombre desde que nace. Hablar pronunciando bien pero tratándolo con cariño. Hablarle y cantarle mientras está realizando una actividad como  vestirlo, hacerlo comer, bañarlo, jugar, etc.
  4. Jugar directamente con él con juegos que lo motiven y lo estimulen.
  5. Evitar tenerlo mirando televisión, videojuegos, celular entre otros.
  6. Cantarle, mostrarle libros y ponerle canciones apropiadas para su nivel.
  7. Sacarlo al parque a mirar a otros bebes teniendo en cuenta el horario y la higiene.
  8. Hacerlos jugar  sobre una alfombra en el suelo, que este limpia y sea cómoda, luego estimular el arrastre, el gateo y la caminata, al año los niños llegan de pie y caminando apoyados en los muebles.

De 1 a 2 años:

  1. Seguir siendo cuidadosos con la vestimenta, alimentación e higiene, pero se debe comenzar a trabajar la independencia como comer con su cuchara, bañarse sentados, vestirlos con ropa cómoda o estar sin zapatos.
  2. Leerles mostrándoles libros de muchos colores con textos pequeños. Recuerde siempre hablar correctamente en la articulación y pronunciación.
  3. Hablarle correctamente construyendo frases y oraciones para ayudarlo en una adecuada conjugación verbal. Contarle cuentos e historias sencillas.
  4. Jugar en el parque montando bicicleta, corriendo, rodando, etc.  puede ser con juguetes para rodar, lanzar o apilar. Permitir que se ensucie la ropa. Llegando al hogar es conveniente bañarlo.
  5. Jugar en el jardín, enseñándole a observar las plantas y árboles.
  6. Evitar la televisión, es mejor escuchar música y canciones de diferente orientación.
  7. Mirar libros todas las noches antes de dormir.
  8. Permitir juegos de interés del niño dentro de hogar. Si le gusta pintar o colorear se puede poner un papelografo en la pared para que lo haga en ese lugar.
  9. Entre los 15 y 18 meses los niños deben caminar solos, estimular la locomoción en casa y en el parque. A partir de los 18 meses estimular que corran y trepen a donde vayan.

De 2 a 5 años:

  1. Seguir siendo cuidadosa con la higiene pero los niños deben comenzar a aprender a ir al baño solos. A los 5 años deben tener la capacidad para hacerlo.
  2. Apoyarlos en la vestimenta y poco a poco deben vestirse solos. A los 5 años logran hacerlo, pero aún tienen dificultades para amarrar los pasadores de los zapatos.
  3. Hablarle correctamente y mantener conversaciones y diálogos adecuados con el niño. A partir de los 2 años tienen de 200 a 300 palabras en su vocabulario y a los 5 años tienen lenguaje completo. Contarle cuentos sobre temas que les agraden.
  4. Leerle cuentos durante el día. Hacer que el maneje sus libros y relate historias que le interesan. Tener una pequeña biblioteca donde se encuentren sus libros para que pueda escogerlos según su interés.
  5. Ir al parque a jugar actividades motrices con otros niños: bicicleta, a la chapada, a las escondidas, trepar, rodar, girar. Lo importante es jugar en grupo y sentirse contento. Al regresar a casa es necesario que se bañen.
  6. Ir al parque a soplar burbujas, ver mascotas y acariciarlas, ver otros animales que vuelan como aves o se arrastren como grillos.
  7. Apoyar con las actividades escolares, muchos niños a partir de esta etapa van a Educación Inicial y los maestros mandan actividades para reforzar la escuela. Es conveniente reforzar a nivel de juego esas actividades.
  8. Desarrollar el dibujo y pintura que le guste al niño. Permitirle pintar con plumones, crayolas, temperas. Es conveniente tener un papelografo en la pared para poder hacerlo.
  9. Debe tener un pequeño escritorio donde pueda sentarse a realizar dibujos, pinturas que le gusten.
  10. Participar en el jardín para regar,  echar agua a los árboles, cuidar las plantas, plantar nuevos árboles, entre otros. Permitir que adquieran una visión importante sobre la naturaleza.

 

Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser

10 Noviembre 2016 In Segunda Infancia
Algunas hábitos de los niños sacan de quicio a los padres. Es frecuente escuchar a muchos padres de familia diciendo frases como estas: “Sácate la mano de la boca” “te he dicho que no te comas las uñas", "no te jales el cabello"; “no te chupes el dedo” “ no te metas los dedos en la nariz”,  además de darles manotazos o pellizcos a sus hijos para que dejen de hacerlo, su pregunta siempre es: ¿Lo hacen a propósito o les ocurre algo?.
Existen cuatro malos hábitos comunes en los niños que perturban mucho a los padres (morderse las uñas, chuparse los dedos, juguetear con el cabello y hurgarse la nariz). Aunque estos hábitos le molesten o le preocupen, hay que tomarlo con calma. En la mayoría de los casos, un hábito de este tipo constituye sólo una etapa en el proceso normal de desarrollo y no un motivo de alarma.
 
¿Qué es un hábito?
"Un hábito es un fuerte patrón de comportamiento que se repite una y otra vez. El niño que manifiesta este comportamiento normalmente no es consciente de ello" (Dr. Tim Wysocki-psicólogo y pediatra). En algunos casos, el hábito deja de serlo, para constituir el resultado o la causa de un problema físico o psicológico. El hábito puede ser un síntoma de una enfermedad más seria.
A pesar de que los hábitos suelen ser benignos, una mala costumbre que llegue a producir daños o lesiones corporales en el niño deja de ser un hábito. Cuando un hábito se produce con tanta frecuencia que afecta a las relaciones sociales del niño o interfiere en su funcionamiento diario se convierte en un comportamiento obsesivo, como los que se producen en un trastorno obsesivo compulsivo. Si su hijo es objeto de burlas en la escuela, o tiene dificultad para hablar porque no se quita el dedo de la boca, su comportamiento va más allá de un simple hábito.
Todos los hábitos o actos repetitivos son motivo de preocupación, pero depende de la edad del niño, de las circunstancias y de la frecuencia con que aparezca el hábito. A veces sencillamente se tratan de gestos que pertenecen a su lenguaje corporal.
 
¿Cómo se adquiere un mal hábito?
Existen algunos motivos por los que un niño empieza a repetir una mala acción.  Una de las vías más frecuentes para adquirir un mal hábito son:
  1. La imitación. Los niños, principalmente los más pequeños, aprenden imitando. En casa, los niños imitan a sus padres y/o hermanos. En la escuela, a sus compañeros. Si el niño, no todos, convive con alguien que se come las uñas, es probable que con el tiempo llegue a imitarlo e inconscientemente se inicia un hábito.
  2. Señales que el niño emite cuando no encuentra palabras para expresar lo que siente o lo que le preocupa, entonces acaban comunicándose a través de alguna mala costumbre. En niños mayores, puede pasar si no encuentran diálogo en la familia, o no son entendidos por sus padres. Acaban adquiriendo un mal hábito para llamar la atención.
 
Morderse las uñas: Un hábito de larga duración.
Onicofagia es el termino médico utilizado para describir al paciente que se come las uñas, Este hábito de comerse las uñas es mas prevalente entre los 10 y los 18 años de edad, pero también se da en un buen número de adultos (5%). Algunos estudios estiman que el 40% de los niños entre los 5 y los 18 años se muerden las uñas; ocasionalmente también pueden morderse las uñas de los pies. Tanto los niños como las niñas tienen proporcionalmente la misma tendencia durante los primeros años; no obstante, a medida que se van haciendo mayores, los niños son más propensos a morderse las uñas.
Comerse las uñas es un comportamiento automático, agresivo y compulsivo, donde el individuo sabe que es malo, pero no puede evitarlo o sencillamente no se da cuenta. Habitualmente, responde a sentimientos de ansiedad o inseguridad.
Esta conducta  está relacionada con la forma en que las personas enfrentan situaciones,  es frecuente que se deba  a ciertas dificultades del niño para enfrentar determinadas situaciones específicas. Para solucionar el problema hay que investigar en qué circunstancias el individuo se come las uñas, y a partir de ese antecedente solucionar su hábito. Por ejemplo, un niño puede ponerse nervioso frente a la autoridad y reacciona mordiéndose las uñas. En este caso, la solución sería analizar qué le ocurre con las personas que ejercen algún poder sobre él.
La onicofagia es un acto casi siempre inconsciente (el niño no se da cuenta que lo esta haciendo). Muchos psicólogos anotan que identificar los “detonantes” que los hacen comerse las uñas, es una parte muy importante para controlar el hábito. La mordedura de las uñas generalmente se consideran reacciones automáticas que pueden ser provocadas por estrés, frustración, fatiga o aburrimiento.
Los expertos creen que esta manía se inicia en la infancia y se va diluyendo con la edad. Probablemente vieron a alguien haciéndolo y cuando se enfrentaron a una situación estresante, tomaron el hábito para canalizar y tratar de disminuir sus temores. Es poco probable que esta conducta ocurra antes de los tres años de edad pero entre los seis años y la pubertad es muy frecuente.
El origen de esta compulsión se relaciona con el instinto de succionar o mamar del bebé. La boca está llena de conexiones nerviosas y el acto de mamar es asociado con la sensación de sentirse saciado y experimentar placer, seguridad y protección. Después de cierto tiempo el seno materno es sustituido por el biberón, el  dedo y otros objetos. Las uñas representarían algo inmediato, sirven de distracción y estimulan el placer del cerebro, recordándonos esa asociación de nuestra etapa infantil.
Existen varios tipos de Onicofagia:
  1. Los niños que solo se las arrancan.
  2. El que se las arranca y además se las traga.
  3. El que dice que no se las come, pero se come los pellejitos.
Riesgos
Puede causar lesiones en los labios, tales como herpes, labios agrietados e infecciones. La apariencia de las manos se ve mermada por la escasez de uñas. Puede causar desgastes y astillamiento en los dientes centrales. Si su hijo se muerde mucho las uñas podría desarrollar infecciones.
 
Chuparse los dedos: Un hábito que tranquiliza.
En el recién nacido, succionar es un instinto necesario para sobrevivir que se manifiesta también fuera de las tomas de alimento. A partir de los 6 meses, cuando salen los primeros dientes, el instinto de succionar va disminuyendo, pero la costumbre de succionar como método para tranquilizarse dura todavía varios años. La necesidad de succionar aparece sobre todo cuando están cansados, se han hecho daño, se sienten tristes o molestos y a la hora de dormir.
Se estima que una cuarta parte de los niños se chupa el pulgar o reclama el chupón hasta la etapa de la educación inicial. En el niño pequeño, chupar para tranquilizarse puede considerarse como algo positivo, ya que le enseña que no todas sus necesidades requieren la presencia de la madre para ser satisfechas. Sin embargo, a partir de los 2 o 3 años el niño debería disponer de otros recursos para vencer un malestar. Puede jugar, pintar, mirar un libro, abrazar al osito de peluche, buscar la compañía de otras personas.
 
El chupar el dedo es un reflejo primario que a veces se mantiene por dos razones:
El niño esta acostumbrado al placer que le produce o le relaja chuparse el dedo. Por ejemplo el hábito de chuparse los dedos como un apoyo a la hora de conciliar el sueño.
Dificultad en el desarrollo psicomotor de los niños, debido a poca estimulación sensorial de la boca, que se manifiesta a través de un hábito.
La preferencia por el pulgar como dedo para chupar puede sugerir que es más agradable que el dedo índice. Sin embargo, esta preferencia parece ser accidental porque el pulgar entra en contacto con la boca como consecuencia de los movimientos espontáneos que realiza el niño. Algunos niños chupan también sus otros dedos o incluso todo el puño. Los niños que más se chupan los dedos son los niños más pequeños. Aproximadamente el 45% de los niños menores  de 2 años se chupa el dedo, mientras que solo un  5% de los niños lo hace a los 11 años.
Riesgos
Puede producirse malformación o maloclusión dentaria (mala posición de los dientes). Es conveniente hablar con un odontopediatra.
 
Hurgarse la nariz: Un hábito casi siempre inconsciente.
Esta mala costumbre la comparten los niños con muchos adultos, con la diferencia de que antes de los 4 o 5 años los chicos aun no saben que hurgarse la nariz pertenece a unas de las cosas que no se hacen en publico. El hábito de hurgarse la nariz puede aparecer de la imitación del niño a sus padres y/u otras personas cercanas. En verano, las mucosas se vuelven muy secas (también en invierno con la calefacción) y el pequeño siente la necesidad de librarse de los mocos duros. También le puede estar picando la nariz a causa de una alergia.
Hurgarse la nariz constituye un hábito que, aunque se inicia normalmente en la infancia, puede persistir hasta la madurez. Si esto le sorprende, un estudio realizado en 1995 en adultos puso de manifiesto que el 91% de ellos se hurgaba la nariz con regularidad.
Riesgos
Pueden producirse hemorragias nasales si se hurgan la nariz con mucha fuerza y frecuencia.
 
Enrollarse el cabello: Un hábito que produce suave sensación de sosiego.
Suele ser un hábito casi exclusivo de las niñas, como también de muchas mujeres adultas, debido a que la mayoría lleva el pelo más largo que los varones. Jugar con un mechón de pelo cuando se sienten avergonzadas o tímidas, les da tranquilidad y seguridad. Este hábito puede aparecer al principio de la infancia y prolongarse hasta que su hija es ya adolescente. En algunas niñas este comportamiento puede aparecer en la adolescencia.
Incluso los bebes se sienten atraídos por la suave textura de una cabellera, y muchos de ellos ponen sus deditos en el pelo de mama mientras toman el pecho o la mamadera. En principio, no hay nada nocivo en esta costumbre, a no ser que el varón o la niña empiecen a tirarse de los pelos hasta el punto de sacarse mechones enteros. Este comportamiento autoagresivo puede denotar un problema que requiere la ayuda de un psicoterapeuta.
Riesgos
Juguetear con el pelo no es peligroso en sí mismo, pero si se empieza a arrancarse mechones de pelo, puede tratarse de tricotilomanía, un trastorno más serio.
 
¿Qué podemos hacer?
Muchos padres no saben qué hacer para que sus hijos abandonen algunos malos hábitos como morderse las uñas, chuparse los dedos, enrollarse los pelos en el dedo, hurgarse la nariz. Y muchos de ellos tienen razón en preocuparse ya que algunas costumbres que se inician en la infancia, pueden conservarse hasta la edad adulta. Además, detrás de cada mal hábito existe algo que lo justifica. Es decir que el mal hábito puede ser apenas una forma que el niño tenga de expresar algo que le esté molestando. Es necesario estar atento y, siempre que sea posible, se debe cortarlo malo de raíz, pero sin agobios ni ansiedades. Con paciencia, determinación y mucho cariño, todo se soluciona para el bien de los niños. No todas las manías o actos repetitivos son motivo de preocupación.
Muchos padres con niños que presentan estos problemas, no saben cómo tratarlos, ni por qué no pueden dejar estas costumbres, se sienten frustrados y agreden o castigan a sus hijos para que cambien sus malos hábitos. Generalmente, las padres que tienen estos niños caen en el enojo, sintiéndose desafiados por sus hijos. El resultado es siempre negativo, porque causan mas tensión y ansiedad en el niño o adolescente y aumenta la manía.
Para tratar el problema es preciso indagar las razones que lo causan y en qué circunstancias se presentan. Dependen de la edad del niño, de las circunstancias y de la frecuencia con que aparezca el hábito. Cuando el hábito está recién empezando, es fácil detenerlo. Hay diversas maneras de lograrlo. Algunas acciones que podemos realizar los padres en casa son:
En General:
  1. Introducir buenos hábitos en la vida de los niño en la casa, porque muchas veces se adquiere por imitación.
  2. Conversar tranquilamente con el niño, oírlo y tratar de descubrir  cuándo y por qué se manifiesta ese comportamiento.
  3. Llevar un diario anotando las circunstancias en que se produce el mal hábito para detectar en que momento se presentan.
  4. Ponerse en el lugar del niño y no simplificar el problema.
  5. No darle demasiada importancia al asunto. No prestar atención, ni reforzar la conducta,  diciéndole que no lo haga.
  6. Evitar los gritos, manotazos o actos desesperados, porque no solucionan el problema.
  7. Cuando este con las manos en la boca, la nariz o el cabello, darle alguna actividad manual para realizar: alcanzar algo en ese momento, tenerlo pintando, dibujando, doblar servilletas, etc. para distraer su atención y evitar el hábito inadecuado.
  8. Masajear las manos del niño para relajarlo.
Para evitar que se coman las uñas:
  1. Explicarle al niño el impacto social que significa comerse las uñas, para que se de cuenta de lo antiestético que son las manos con uñas carcomidas y que es desagradable para quien lo ve.
  2. Explicarle que se hace daño y que sus deditos siempre están sangrando o mutilados.
  3. A las niñitas, se les puede pintar las uñas y hacerle notar lo bonitas que se ven para que intente no morderlas.
Para evitar que se chupen el dedo:
  1. Si el niño se duerme con el dedo en la boca, sustituir el hábito por otro: darle un muñequito u otro juguete que le guste al niño para dormir.
  2. Inducir al niño para que deje el hábito, explicándole que le va a malograr los dientes y que le van a salir “chuecos”.
  3. Si usa chupón, el mismo niño debe depositarlo en algún lugar determinado y pedirlo solo cuando cree que lo necesita.
Para evitar que se meta el dedo en la nariz
  1. Explicarle que es feo meterse los dedos en la nariz y comerse el moco que se quita.
  2. Si el niño persiste en comerse el moco de la nariz, puede decirle que los mocos son "caquitas" de la nariz y por eso no deben ser llevados a la boca. 
  3. Enseñarle a que se limpie la nariz con un pañuelo.
  4. Comprarle pañuelos de papel de su color favorito y pídale que en lugar de poner el dedo directamente en la nariz, que se suene la nariz en el pañuelo.
Para evitar que se jale el cabello
  1. Proponerle que use el pelo mas corto o se haga una colita.
  2. Comprarle un nuevo gorrito o un sombrero.
 
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
La mayoría de los hábitos son benignos y no requieren la intervención de un profesional. No obstante, si el hábito afecta el funcionamiento social o físico del niño, o si éste persiste incluso después de que haya probado las técnicas anteriores, el comportamiento puede deberse a una causa emocional o física más seria. En estas situaciones debería consultar al pediatra o a un profesional de salud mental.
Si se agudiza el problema es necesario asistir a una entrevista psicológica, para descubrir cómo y en qué circunstancias aparece esta costumbre. Así se puede llegar a la raíz del problema y entender el funcionamiento mental de la persona frente a distintas circunstancias. En el caso de los niños, es el más adecuado, ya que ayuda a que sus padres y él mismo puedan entenderse y llegar a una solución juntos.
 
 
Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser
03 Mayo 2016 In Segunda Infancia
La responsabilidad es una cualidad que indica compromiso consigo mismo y con los demás, implica asumir obligaciones y responder a sus propios actos. La responsabilidad garantiza el cumplimiento de los compromisos adquiridos y genera confianza entre las personas.
 
Toda responsabilidad está estrechamente vinculada con el establecimiento de límites y disciplina en el niño. Los adultos no pueden estar detrás del niño todo el tiempo para hacerlo cumplir las normas, es necesario que en algún momento adquiera la autonomía que le indique que cosa debe hacer frente a las responsabilidades que le corresponden.
 
Enseñar responsabilidad también implica que los niños lleguen a comprender que existen niveles de compromiso:
 
  1. Responsabilidad hacia uno mismo: soy responsable de hacer realidad mis deseos, mis elecciones y mis actos para mi felicidad personal, eligiendo a partir de los valores inculcados.
  2. Responsabilidad hacia las tareas que tengo que desarrollar: soy responsable de mi tiempo, de tal manera que lo distribuyo para realizar todas mis tareas y trabajos pendientes.
  3. Responsabilidad en el consumo: soy responsable de mis gastos, de cuidar mis cosas y de elegir, lo que enseña a valorar lo que se tiene.
  4. Responsabilidad hacia la sociedad: soy responsable de mi conducta con otras personas; mi familia, amigos, compañeros, etc.
 
¿Cuándo empezar a educar la responsabilidad?
 
La responsabilidad, como manera de actuar, se va aprendiendo e interiorizando de forma progresiva y de acuerdo con el desarrollo evolutivo de los niños. Cuando el niño va tomando conciencia de sí mismo y de su entorno y es capaz de entender, es el momento de empezar a estimular su capacidad para responsabilizarse de algunos de sus actos. El nivel de exigencia debe estar en concordancia con cada etapa evolutiva.
 
Se le puede enseñar a que se ocupe de algunas de sus propias cosas, con estas pequeñas obligaciones se irá familiarizando con la responsabilidad y al mismo tiempo se sentirá importante y valorado dentro de su familia.
 
A medida que el niño vaya ampliando su capacidad de comprensión se debe ir aumentando el nivel de exigencia. Este proceso de aprendizaje abarca toda la infancia, la pubertad y la adolescencia. A veces para los padres es más fácil hacerle las cosas al niño que enseñarle y esperar que sea capaz de hacerlas. Con una actitud sobreprotectora limitamos al niño a hacer cosas por sí mismo y una postura de exigencia excesiva  genera inseguridad y temor.
 
Entre  2 – 3 años
 
  • Llevar su plato y vaso (de plástico) al lavadero.
  • Ayudar a hacer la cama (jalar las sábanas, poner la almohada…)
  • Poner servilletas en la mesa.
  • Poner sus material grafico-plástico (crayolas, goma, papeles, etc.) en su lugar.
  • Ayudar a vestirse y desvestirse.
  • Comer solo.
  • Echar sus juguetes en la caja de juegos.
  • Poner sus libros en las repisas.
  • Colocar su ropa sucia en el canasto.
  • Botar la basura dentro del tacho.
 
De 4  años (además de lo anterior)
 
  • Vestirse y desvestirse solos.
  • Ayudar a meter las cosas en el carrito del supermercado.
  • Poner  cubiertos e individuales en la mesa.
  • Alimentar a su mascota.
  • Limpiar líquidos que ha derramado.
  • Ordenar sus juguetes.
  • Ordenar los libros por tamaños.
  • Colocar sus muñecos en la cama y estanterías.
 
De 5 años (además de lo anterior)
 
  • Poner la mesa completa (servilletas, individuales, cubiertos, vasos).
  • Servirse agua sin ayuda.
  • Guardar su ropa limpia en los cajones.
  • Ayudar a preparar algún plato sencillo (postre, ensalada, sándwich)
  • Regar plantas.
  • Amarrarse los zapatos.
  • Lavarse los dientes, peinarse y bañarse.
  • Guardar un libro una vez leído.
 
¿Qué debemos hacer para fomentar la responsabilidad?
 
  • Establecer normas y límites, que sean sencillos y simples, que dejen claro las consecuencias si no se cumplen. 
  • Asignar responsabilidades de acuerdo a las capacidades y necesidades del niño.
  • Ser coherentes, comportándonos siempre de la misma manera.
  • Ser consistentes, las normas sirven para todos por igual, en todo momento, deben ser respetadas por todos, pero deben ser posibles de flexibilidad y sujeta a cambios.
  • Explicarle cómo se hace, debemos enseñar a los niños como hacer lo que se les pide. 
  • Inicialmente facilitarles el trabajo, para que vayan obteniendo logros y poco a poco ir haciendo las tareas más complejas.
  • Darles confianza, permitiendo que ellos realicen sus actividades, solos.
  • Valorar sus logros, alentar el esfuerzo, dar ánimos y decirle que va a salir bien si ponen de su parte, alabar los pequeños progresos intermedios.
  • Hacer que cumpla su palabra, cada vez que se le asigne una tarea y acepte el cumplimiento de la misma.
  • Dejarlos que se equivoquen, ya que aprenderán de sus propios errores.
  • Enseñara a aceptar los errores, para que vuelva a intentar realizar la actividad asignada. 
  • Valorar el autocompromiso, enseñar que debe cumplir con las demás personas, sin olvidar que con la primera persona que se tiene un deber es consigo mismo.
  • Enseñar con el ejemplo, siempre pida a su hijo algo que Ud. esta dispuesto a hacer.
  • Primero es lo primero, si se ha adquirido otro compromiso no se podrá iniciar hasta haber concluido la responsabilidad adquirida previamente.

 

 

Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser

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