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Martes, 31 Mayo 2016 17:43

La ansiedad durante la infancia

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Todos los niños sienten ansiedad en algún momento de su desarrollo. La ansiedad es una sensación o estado emocional  que se caracteriza por inquietud, excitación e inseguridad que actúa como señal de alarma o de peligro y que puede ser considerada normal, ya que prepara al niño para enfrentar una situación nueva, inesperada o amenazante.  Por lo tanto, cierto grado de ansiedad es deseable para el manejo normal de las exigencias del día a día.
 
Se vuelve un trastorno cuando resulta desmedida y sobrepasa sus posibilidades de afrontar la situación interfiriendo en su conducta adaptativa normal presentando malestar significativo, con síntomas físicos, psicológicos y conductuales en la mayoría de casos muy inespecíficos. Se puede manifestar en un conjunto de síntomas físicos como palpitaciones, sudor, temblor, sofocos, palidez o enrojecimiento del rostro y psicológicos  como miedo intenso, llanto o rabietas, sensación de descontrol, ganas de salir corriendo, miedo a volverse “loco” o a morir.
 
Para que se genere la ansiedad interactúan diferentes factores que debemos considerar:
  1. Ambientales: donde aparecen acontecimientos vitales o situaciones traumáticas (fallecimiento de un familiar, divorcio, etc.),  el estilo educativo de los padres (sobreprotectores, autoritarios) y los procesos de socialización en diferentes medios sociales (familia, escuela, amigos, entre otros).
  2. Personales, influye la valoración subjetiva que realiza cada niño de la situación, el nivel de autoestima, los rasgos de personalidad y los recursos y estrategias que tiene cada niño para afrontar un conflicto.
  3. Biológicos; está relacionado con la facilidad de somatización que tiene cada individuo y la predisposición hereditaria.
Es importante resaltar que existe ansiedad y miedos normales en cada etapa de desarrollo. Es común que los niños se sientan ansiosos en ciertos momentos específicos de su vida. Por ejemplo, entre los 8/9 meses y los 3 años, es frecuente que los niños presenten angustia por separarse de sus padres o seres de referencia. En la etapa pre-escolar es frecuente que tengan temores a la oscuridad, a los animales, a personas desconocidas o a monstruos o fantasmas. Alrededor de los 7 años es común que tengan temores referentes acerca de su rendimiento escolar y deportivo y temor a la muerte.
 
Las personas que nos encontramos alrededor de los niños, es decir padres y educadores, somos quienes debemos prevenir que esta ansiedad normal se convierta en un trastorno de ansiedad, ayudando a reducir el impacto de situaciones estresantes en la vida del niño fomentando experiencias positivas y hábitos saludables.
 
¿Cómo ayudar al niño a disminuir el impacto de un acontecimiento estresante?
Algunos niños pueden tener dificultad para enfrentar situaciones estresantes como divorcio de los padres, muerte de un familiar, desastre  (incendio, terremoto), robo, accidente, etc. En estas situaciones, los adultos debemos:
  1. Hablar con el niño de lo que siente, que le preocupa, permitiendo que se desahogue y manifieste sus sentimientos y dudas.
  2. Actuar como modelos de afrontamiento. No debemos ocultar nuestros sentimientos, debemos fomentar que el niño haga frente al problema sin forzarlo, acercándolo gradualmente para que observe que la situación no es peligrosa y felicitarlo por los pequeños avances que tenga. Por ejemplo, si tiene miedo al perro, primero hacer que pase cerca de uno para que vea que no es peligroso y felicitarlo por ese logro.
  3. Comprender lo importante que resulta para el niño esa situación, por insignificante que nos parezca a los adultos. Por ejemplo si peleo con el hermano, esto puede ser significativo para el niño y generarle ansiedad.
  4. Hablar con el niño sobre sus temores; qué le preocupa, qué le inquieta, qué le genera temor.
  5. Generar una actitud adecuada para resolver el conflicto haciendo preguntas, ¿qué crees que puedes hacer? ¿puedes solucionarlo? ¿piensas que tu decisión va a funcionar? No debemos ser demasiado directivos, debemos permitir que ellos lleguen a la solución del problema.
  6. Interesarse por la evolución del problema.
  7. Brindarle apoyo y amor incondicional estableciendo claramente sus cualidades y sus limitaciones.
  8. Corregirlo cuando hace algo inadecuado, hay que corregir la conducta no descalificar al niño.
  9. Reforzar positivamente sus avances y logros.
  10. No ser sobreprotector, porque dificulta la toma de decisiones.
  11. No ser demasiado autoritarios porque mina la confianza y genera inseguridad.
  12. Fomentar la autonomía, haciéndolo que adquiera responsabilidades en casa y en la escuela.

 

Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General de Déjalo Ser

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