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Martes, 21 Junio 2016 16:05

¿Cómo vemos el control de los padres a sus hijos desde el Coaching Ontológico?

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Las primeras preguntas que me vienen cuando escucho control serian ¿Qué es control para mí y qué es control para ti? ¿Será que yo puedo controlar a los demás? ¿Para qué controlo? ¿Controlo desde querer tener la razón? ¿Desde ser alguien superior? ¿Será que quiero tenerlo todo claro? ¿Será que cuándo no lo tengo claro me da miedo lo que pueda pasar? ¿Qué consigo al controlar las acciones de los demás? ¿Consigo que me escuchen? ¿Consigues que los demás hagan lo que tú quieres? ¿Será que lo que yo pienso es lo correcto y por eso no es necesario escuchar las inquietudes del otro? ¿Será que no me quiero equivocar? ¿Será que quiero que todo sea perfecto?
 
Cuando hablamos de adolescentes y padres parece ser que nos medimos de la misma manera, sintiendo y pensando que somos los mismos observadores, queriendo que nuestros hijos piensen lo mismo que yo como adulto y padre. En el coaching ontológico miramos el observador que somos y eso tiene que ver con lo que hemos aprendido en nuestra vida, cada uno de nosotros vemos la vida como la aprendimos, no hay una verdad. Somos observadores diferentes que aprendimos distintas emociones, posturas y juicios que nos hacen el ser particular que somos cada uno y que integramos todo ello (lo que somos) y lo usamos en nuestras relaciones y en la manera como vemos la vida. Lo que somos depende de muchos factores, como dónde nacimos, que edad tengo, lo que escuche de mis padres o de las personas que influyeron en mi vida, las emociones que prevalecieron en mi niñez, en mi adolescencia y ahora como adulto, etc. Hay muchos otros factores que nutren nuestras maneras de ser, nuestro observador y es desde este observador que les enseñamos a nuestros hijos, y no necesariamente lo que les enseñamos es una verdad, sino simplemente lo que aprendimos.
 
A veces escuchamos de los padres: Tienes que ser extrovertido, tienes que tener muchos amigos y nunca estar triste; tienes que estar feliz, tú eres fuerte; si te esfuerzas vas a conseguir lo que quieras; los hombres no lloran etc. Todos estos juicios que algunos de nosotros repetimos como afirmaciones; no son verdades, los emito porque es lo que yo aprendí y para mi así es; sin embargo si nuestros hijos lo escuchan, podrían interiorizarlo y dado que lo escucha de sus padres (la autoridad para él/ella) se lo creerá como si fuese una verdad y lo vivirá como una realidad. Por ejemplo, cuando les decimos a nuestros hijos que no deben estar tristes, la lección que les estamos dando en el fondo es que eliminen la tristeza; más aún, ya que nuestros hijos también son observadores individuales, podrían juzgar que sentir tristeza me cierra posibilidades y es mala; cuando más bien la tristeza nos conecta con lo que nos importa, con lo que he perdido, es un momento de reflexión profundo. Así, las conductas de nuestros hijos son en gran parte producto de las lecciones que nosotros como padres les hacemos llegar, cada vez que les decimos quienes son.
 
Lo que queremos decir con esto es que muchas veces estamos enfocados en buscar que nuestro hijo tenga una conducta perfecta, desde lo que para nosotros es eso; sin embargo, sabemos que algunas conductas pueden abrirme o cerrarme posibilidades según las circunstancias o según la perspectiva con la que se juzgue dicha circunstancia. Por otro lado, las etapas que atravesamos todos a medida que vamos creciendo, influye en la manera en que aprendemos y nos relacionamos. Muchas veces los padres no toman en cuenta que sus hijos pequeños tienden a querer estar con su familia, necesitan estar con sus padres, están aprendiendo de ellos constantemente, el entorno en el que vive será posiblemente su estándar a seguir, ellos se encuentran en una conciencia a la que llamamos tribal; pero cuando son adolescentes, necesitan encontrar su lugar en el mundo y marcan distancia con sus padres, incluso se rebelan; porque quieren ser diferentes y únicos, ellos son primero ante todo, es su manera de aprender, usaran lo que aprendieron en su conciencia tribal para ahora tener una conciencia guerrera; esto posiblemente los apoyará a ser el adulto que quieran ser.
 
Para finalizar, podemos decir que lo que nos regala el coaching ontológico respecto a este tema es que los padres necesitan estar conscientes que muchas lecciones o juicios que intentan enseñarles a sus hijos no necesariamente aplican a ellos, enseña a los padres que están aprendiendo juntos con sus hijos siendo el observador que son y validándose el uno al otro, sin que haya un ganador. A partir de esto nos podríamos preguntar: ¿Estoy teniendo conversaciones con mi familia escuchando o quiero ser escuchado? ¿Cuáles fueron los juicios que escuché de mis padres? ¿Qué fue lo que aprendí? ¿Tienen normas en la familia basadas en una conversación en conjunto o han sido impuestas? ¿Cuánto disfrutan los momentos con sus hijos o es que no hay tiempo para disfrutar? ¿Sabes que juicios tiene tu hijo sobre ti? ¿Con quién te mides cuando piensas en ser padre o madre? ¿Será que estas aprendiendo a ser padre, a ser madre y quizás no haya una perfección? ¿Será que lo que hagas y digas formará a tu hijo en los juicios que tendrá del mundo cuándo sea adulto? En este artículo no encontrarás una respuesta, encontrarás muchas dependiendo del observador que tú seas.
 
 
Cynthia Vera y Julio Guevara
Coachs Ontológicos
Certificados Newfield Network
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