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Martes, 28 Junio 2016 17:08

Hablando de fútbol: Los niños serán niños sólo una vez

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En el fútbol de hoy se está negando a muchos pequeños el derecho y el placer de jugar, en virtud de no se sabe muy bien porqué rigor científico, se busca acelerar la preparación de estas criaturas para el alto rendimiento.
 
Se sostiene que la actividad recreativa está muy bien, pero que entrenar para la competición es otra cosa bien distinta que exige maniobrar a destajo desde pequeñitos. Y con tal despropósito, se lleva a cabo un experimento con menores, de resultado, como poco, incierto: establecer a estas edades una supuesta incompatibilidad en el deporte entre actividad recreativa y competitiva, es una alternativa muy poco razonable. Los ritmos de crecimiento ni son regulares, ni se dan en todos por igual.
 
Quienes primero destacan no suelen evolucionar del modo que se espera de ellos.
 
Las vueltas que da todo proceso de maduración, el exceso de atención que se dedica a los más adelantados, las responsabilidades que se echan sobre sus espaldas, y la aceleración de su crecimiento les lleva a quemar de manera vertiginosa etapas decisivas de su vida.
 
Tanto trajín es mucho más de lo que la mayoría puede soportar, de manera que son muchos los que cuelgan los chimpunes al poco tiempo de empezar.
 
A estas edades, aumentar la intensidad de los entrenamientos y precipitarse con exigencias de resultados, no garantiza mejoras significativas en el rendimiento futuro.
 
Por el contrario, cada vez son más las evidencias de que el sobre entrenamiento, y los excesos de solicitación en el niño producen un efecto bumerán: la pérdida de interés y el abandono.
 
La naturaleza ha sido tan sabía que ha hecho al niño, niño antes que hombre; pretender apurar su formación implica sacar frutos secos, sin jugo ni sabor.
 
¿Pero saben esto, todos quienes manejan niños?
 
Hay que animarles para que se superen, centrando su atención en metas posibles a la vez que suficientemente atractivas.
 
Así haremos coincidir su maduración futbolística con su propio desarrollo físico y mental, jugarán más motivados, y aprenderán más fácil.
 
Muchas estrellas empezaron a jugar al fútbol en plena adolescencia: Gaizka Mendieta iba para atleta y no empezó a correr detrás de un balón antes de los 15 años. Batistuta, a quien llamaban El Gordo por un ligero sobrepeso, se hizo esperar hasta los dieciocho años. A Rivaldo le decían Pata de Palo en la categoría juvenil.
Se mire por donde se mire, la experiencia es un libro abierto donde saltan a la vista muchísimas promesas que destacaban en las categorías inferiores, y se perdieron en el anonimato antes de ver cumplidos sus sueños.
 
Mientras en otros deportes individuales como el atletismo existen retratos casi perfectamente delimitados que permiten reconocer a la legua la estampa de un campeón, no ocurre lo mismo en el fútbol.
 
Aunque algunos clubes siguen coleccionando jugadores por su tamaño, es fácil encontrar auténticos fenómenos que no darían la talla para quienes priman la madurez en su desarrollo biológico.
 
Y si no, que se lo pregunten a Cruyff o a Maradona.
 
Hay algo vital a tener en cuenta:
 
Los niños serán niños sólo una vez en la vida...
 
 

(Extraído del Libro “Dejad a los Niños Jugar” / Barcelona - España)
 Academia de fútbol Real Lima Fuerza Club
 @RealLimaFc
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