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Miércoles, 30 Septiembre 2015 16:05

La familia en el desarrollo emocional del niño

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La investigación sobre el desarrollo demuestra que los infantes nacen con el impulso de buscar a sus padres y conectarse con ellos y los padres tienen la capacidad interna de responderles. Es decir, este infante es la creación conjunta de dos personas. Este infante recreado está constituido por recuerdos y reactualizaciones presentes en la transferencia e interpretaciones.

Algunas veces las madres se sienten inseguras y solas y los padres se sienten excluidos, relegados a los márgenes de la vida de sus hijos.

Los infantes ejercen un control importante de la iniciación, el mantenimiento, la terminación y la evitación del contacto social con la madre, ellos ayudan a regular la participación. Además, al controlar la dirección de su mirada, regulan el nivel y la cantidad de estimulación social a la que están sometidos.

El modo en que los infantes regulan su propia estimulación y contacto sociales por medio de la conducta de mirada es análogo, en cuanto al rasgo genérico de la autonomía y la independencia.

Los padres pasan más tiempo con sus  hijos en juegos que implican pocos juguetes y que alientan la exploración y menos tiempo en juegos que simplemente tienden solamente a entretenerlos y distraerlos. Las madres juegan menos con sus hijos, pasan más tiempo brindándoles atención física y subrayan la instrucción y el autocontrol.

Es más probable que los padres alienten a sus hijos a tolerar la frustración y a dominar tareas solos antes de ofrecerles ayuda, mientras que las madres tienden a ayudarlos.

Siempre es sorprendente cuando se descubre que los padres cambian a causa de sus hijos casi tanto como los niños cambian a causa de sus padres. Los requisitos de la paternidad son tan exigentes que ninguno cumple bien todos sus aspectos en todos los estadios del desarrollo y todo el tiempo. La danza entre desarrollo adulto e infante exige que la guía cambie a menudo sin perder el ritmo o movimiento hacia delante del crecimiento personal.

Lo que convierte a un hombre en padre es la madre, y lo que piensan y sienten las mujeres sobre los hombres con quienes tienen hijos modela muy fuerte las oportunidades de desempeñarse como padre.

Una vez que observamos las cosas con cuidado, vemos capacidades de crianza tanto en las madres como en los padres. En rigor, la esencia misma de la crianza – la capacidad de ser abnegado y paciente, amante y coherente, tolerante pero con expectativas y la capacidad de compartir y sacrificar los propios activos emocionales, espirituales, materiales e intelectuales – en última instancia trasciende al género. Nuestra historia personal, preparación cultural, religión y valores familiares pueden predisponernos a favor o en contra de la expresión de tales capacidades y no es un dominio exclusivo del género.

El vínculo inicial entre el infante y quien lo cuida puede considerarse como el esfuerzo de la naturaleza para asegurar que las inteligencias personales tengan el comienzo debido.

Daniel Stern (1996) describe cuatro diferentes sentidos del sí mismo que desarrolla el infante, cada uno de los cuales define un dominio distinto de la experiencia del sí mismo y el racionamiento social:

  1. El sentido de un sí mismo emergente, que se forma entre el nacimiento y los dos meses.
  2. El sentido de un sí mismo  nuclear, que se forma entre los dos y los seis meses;
  3. El sentido de un sí mismo subjetivo, que se forma entre los siete y los quince meses,
  4. El sentido de un sí mismo verbal que se forma después del anterior.

 

Lic. Judith Cachay Rodríguez
Psicoterapeuta psicoanalítica

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