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Martes, 24 Noviembre 2015 18:25

Un tiempo para cada hijo ¿cómo darle un espacio individual?

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Cuando hablamos de los hijos y del tiempo que debemos compartir con ellos, hablamos de la organización familiar. La familia es un sistema complejo basado en las múltiples relaciones entre sus miembros. Estas relaciones tienen patrones conductuales y de interacción sobreentendidos que permiten la convivencia diaria.

Con frecuencia los padres nos vamos a encontrar con situaciones de confrontación, queja y competencia entre nuestros hijos sobre todo si en casa hay miembros de edades muy diferentes (niños y adolescentes), cuando esto ocurre es usual que los padres se sientan impotentes para enfrentar esos “campos de batalla” entre los hijos por el tiempo, el cariño y la dedicación de los padres.

Es normal que los hijos tengan la necesidad  de definir su espacio dentro de la familia. El roce entre hermanos es el mecanismo natural que les sirve para situarse en su función, rol y espacio dentro del contexto familiar, lo cual es completamente sano y deseable. En este nivel los chicos pelean, negocian, se arreglan, sin mucha interferencia de los adultos. Estos roces son valiosos pues los ayudan a desarrollar destrezas para manejarse fuera de la casa ya sea con la familia extendida o con los compañeros de colegio. En este tipo de dinámica, no sólo salen a relucir las diferencias, sino también la capacidad de los hermanos para apoyarse, ser cómplices y disfrutar de la compañía mutua.

Para evitar conflictos dentro de la familia es importante planificar tiempo para dedicar a cada uno de los hijos, ya que las oportunidades de enseñanza más valiosas ocurren cuando uno pasa tiempo con un hijo en forma individual. Cuando pasa tiempo a solas con uno de sus hijos, él o ella recibirá toda su atención. El hijo puede compartir ideas y hacer preguntas sin temer lo que otros piensen. También es una buena oportunidad para que usted exprese sus sentimientos.

Algunas formas de pasar tiempo individual con nuestros hijos pueden ser:

  • Acostándolos a la hora de dormir, nos permite interesarnos por las actividades que ha desarrollado durante la mañana y la tarde para poder concluir el día en forma positiva.
  • Compartiendo actividades cotidianas como bañarlos, vestirlos, acompañarlos a comer, entre otros.
  • Participando e involucrándonos en sus juegos, tratando de conocer sus fantasías y compartiendo sus amigos imaginarios.
  • Desarrollando intereses comunes, que nos permita conocer sus aficiones e intereses individuales.
  • Haciendo tareas domésticas juntos, esto puede ser un momento para planificar otras actividades escuchando sus sugerencias.
  • Compartir alguna lectura, donde planteemos nuestras ideas y puntos de vista y puedan servir de confrontación con las de ellos.
  • Ver televisión juntos siempre y cuando sea una oportunidad para hablar acerca del tema del programa y, así, conocer la manera de pensar de los hijos y compartir con ellos nuestros puntos de vista.

Es importante que cada familia busque una fórmula propia y adecuada a su realidad para pasar tiempo juntos y sean disfrutados por ambos (padres e hijos).

¿QUÉ PODEMOS HACER?

  1. Dedicar tiempo de calidad a cada uno de nuestros hijos para que las relaciones interpersonales  favorezcan, motiven, promuevan, e incluso inciten, a la convivencia, el intercambio, el diálogo, el aprendizaje, el gozo y el crecimiento personal de todos los miembros de la familia.
  2. Dedicar el tiempo apropiado a las relaciones interpersonales, de tal manera que haya un balance positivo en los resultados entre los participantes a lo largo del tiempo que pasan juntos.
  3. Tanto los padres como los hijos deben disfrutar el tiempo que pasan juntos y experimentar la sensación de que ese tiempo estuvo bien empleado y que les hubiera gustado que se prolongara.
  4. Demostrar interés cada vez que su hijo comenta algo, mediante algún comentario positivo como: “Me gustó esa idea”, “¡qué interesante!”, etc., o, por lo menos, mantener el contacto visual con él mientras le habla y asentir con la cabeza, para demostrar que  le está poniendo atención.
  5. Demostrar empatía, es decir que realmente  está en sintonía con lo que su hijo o hija está sintiendo. Si su hija está triste porque termino con su novio, es necesario hacer lo posible para ponerse en su lugar y demostrárselo. Esto no puede fingirse: tiene que ser auténtico. Si no puede “sintonizarse” con sus sentimientos, al menos hay que decir algo como: “seguramente esto debe estar provocándote mucho sufrimiento”.
  6. Demostrar aceptación y respeto, aun cuando el hijo diga algo con lo que los padres no estén de acuerdo. El hecho de decirles “entiendo que esto es importante para ti” o hacer un breve resumen de la idea presentada por el hijo, le hace ver que se le escucha, que se le presta atención. En estos casos hay que evitar interrumpirlo para rebatir sus puntos de vista, hasta lograr que el hijo sienta que se le comprende. Después se buscará el momento y la forma, si fuere el caso, de dar el punto de vista de los padres.
  7. Mantener la alegría y el sentido del humor para que el tiempo que se pasa con cada uno de los hijos en particular, esté salpicado de detalles, ingenio, broma sana, risa y alegría. Eso hace que los momentos de convivencia sean deseables y memorables.

Cuando un hijo se siente escuchado, tomado en cuenta y tratado de una manera espontánea, positiva y alegre, y no como una “molestia” o un “mal necesario”, los momentos
de interacción con sus padres resultarán constructivos, memorables y altamente productivos y ambas partes estarán compartiendo un auténtico “tiempo de calidad”.

¿QUÉ DEBEMOS EVITAR AL MOMENTO DE DAR UN ESPACIO INDIVIDUAL?

  1. CONVERTIRLO EN UNA RUTINA ABURRIDA: ya que de nada sirve dedicar más tiempo a los hijos si ese tiempo se convierte solamente en un estar simultáneamente en el mismo lugar, sin ninguna relación ni contacto.
  2. NO DEFINIR CLARAMENTE LOS ROLES. Es importante que el hijo sepa claramente los roles que le corresponden tanto a él como al padre. La falta de consistencia y una democracia severamente distorsionada y malentendida (sumamente permisiva) en el afán de establecer un buen diálogo no resulta mejor. Lo más recomendable es que cada miembro asuma su función de acuerdo a su edad, género y habilidades, además de que sea responsable sobre ello.
  3. LA GENERALIZACION. Tratar a los hijos de forma indiferenciada crea problemas en el desarrollo de la identidad. Por ejemplo, cuando nuestros hijos comparten una habitación, a menudo utilizamos la frase “Recojan este botadero”. El que es organizado no tiene el privilegio de ser reconocido como tal, a causa de su hermano, con cualidades diferentes. La “colectivización” no ayuda a la relación de los hijos y al espacio individual que cada uno necesita. Tenemos la idea errónea de que los hijos deben ser tratados “exactamente igual” en cada momento, comprarles las mismas cosas o premiarles a todos por igual. Esto es falso e imposible de hacer. Es recomendable que el padre y la madre manejen a cada niño de manera individual de acuerdo a sus cualidades y necesidades, creando en la medida de lo posible, un espacio de intimidad con cada uno de ellos.
  4. LA ALIANZA CON UNO DE LOS HIJOS. La identificación excesiva de uno de los padres o de ambos con uno de los hijos, ya sea porque es el más cariñoso, obediente o “enfermizo”, establece un sesgo sumamente dañino en la relación fraternal, que obstaculiza el desenvolvimiento natural de esta relación. Es en este contexto donde se dan actitudes y conductas de manipulación, victimización y sentimientos de injusticia, que no permite tener relaciones individuales y placenteras con los otros hijos.

ALGUNAS RECOMENDACIONES:

  1. Disfrute de cada etapa del desarrollo de sus hijos. Los padres necesitan confiar más en su gestión como padres, experimentando menos ansiedad y más convicción de que son capaces de conocer, entender y actuar según lo más conveniente para sus hijos.
  2. Descubra las características individuales de cada uno de sus hijos. Los padres deben aprender cuándo, cómo y dónde intervenir con cada uno de sus hijos. Esto se logra a través de la dedicación de cantidad y calidad de tiempo a cada niño de forma exclusiva, así se podrá crear un lazo verdaderamente especial y personal con cada uno de ellos.
  3. Concéntrese durante la infancia en crear un vínculo firme y estable, ya que esto se traduce en una adolescencia intensa, productiva y armoniosa.
  4. Fomente la diferenciación de cada uno de sus hijos estimulando sus gustos y sus cualidades, es determinante promover la colaboración, el sentido de sacrificio y la empatía. Esto puede lograrse, especialmente exponiéndolos a situaciones en las que tengan que posponer sus propias necesidades y emplearlas en apoyar al miembro de la familia que lo necesita, justificado en el amor y en la naturaleza del vínculo que los une. El individualismo extremo es perjudicial y priva a los niños de desarrollar competencias sociales básicas para sus relaciones en el futuro.
  5. Intervenga con entendimiento y no de manera reactiva ya que los padres debemos tener sólidas convicciones que la adecuada crianza da un sentido de coherencia e intencionalidad a la vida de nuestros hijos.

 

Lic. Rosa A. Taramona Aparcana
Mg. en Desarrollo Infantil y Psicología de Familia
Directora General Déjalo Ser

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